Alquimia y pasión.

Así como para cocinar con amor es preciso pensar fríamente en la organización necesaria para llevar a cabo la alquimia de la cocina, pienso que la pasión que muchos amigos míos -súper letrados en ciencias sociales- defienden como ingrediente ineludible en la política de estado en la Argentina sobra, molesta y nos hace retroceder casilleros.

Yo considero que la pasión es necesaria, pero solamente en el foco de los objetivos que se desean llevar a cabo: aplicada en forma directa a la política es nefasta. Permite irracionalidades, "nosequés", "yeites" y "asuntos" meramente subjetivos.

La política debería ser fría, calculada, y diseñada para compartir transparentemente métodos más impersonales que nos dirijan a lugares que sí deberían haber sido diseñados con pasión, con amor, con alma: ahí sí cabe el "sentimiento inexplicable". Pero no en el ejercicio de una herramienta compleja y colectiva.

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