jueves, enero 21, 2010

Armando Presidente

Quiero un gobierno de centro izquierda sin corruptela ni patoterismo. Preferiría una mujer como presidente, y de clase media o media alta buena onda. Digo, cómoda, holgada, pero sin millones acumulados en ningún lado. No se dedicó a eso, ni le interesa. Firme y ejecutiva, pero conciliadora. Y que sea de Racing, y con experiencia previa en gestión cultural y empresarial, y que le guste el cine. Mucho.

De unos cincuenta y algo, sesenta años. No tengo muy claro si en los setentas andaba por acá y fuera de la política, o era monto, o exiliada. No sé muy bien. Y que llegue al gobierno con un 51% de aprobación, y que al año de gestión esté en un 70%. Y al otro en un 84 %. Que las mafias le tengan miedo y se dediquen a otra cosa, y que los sindicatos la respeten. Y que los grandes grupos económicos la miren con cierto recelo por sus políticas económicas poco liberales, pero que no puedan decir nada en contra porque las cosas funcionan. Y ya que estamos, que sea budista, pero no fanática, para nada.
Cabeza abierta.

Y que la oposición tenga un diálogo profundo y respetuoso con ella, que se gane ese respeto de entrada. Que la oposición se le vuelva funcional en el día a día, como una suerte de control ojo avizor que marca los puntos flojos al contricante de buen grado, y que la mina recoja el guante galante y agradezca el comentario, abierta y lady, demostrando lo grosa que es al solucionarlo de toque. Y que sea muy inteligente, sociable, y haya sido deportista de joven, de algún deporte en equipo. Vóley puede ser. Una mujer alta funciona mejor en un país todavía machista.

Esta mina debería haber sido productora de cine, arrancando de abajo. Mucho laburo de pendeja en set como P.A., la escalerita hasta productora ejecutiva y después CEO de algún estudio, o cabeza de una distribuidora internacional, algo así. Muy buena experiencia en trabajo en equipo, administración, gestión y RRPP.

Con esto estaría bien, pienso.

lunes, enero 19, 2009

Buenos Aires en enero

Buenos Aires en enero se clava una siesta, y estar dando vueltas recién llegado de viaje, empezando actividad mientras esto ocurre te pone en contacto con la ciudad de un modo bastante amable. Es una sensación similar a cuando te despertás un domingo en la casa de alguien que te gusta mucho y conocés bien, y mientras remolonea y sigue durmiendo vos te vas levantando, te pegás una ducha, ponés música brasilera bajito mientras cocinás algo y pasás de vez en cuando a apoyarlo y le soplás detrás de la oreja un poco, mientras sigue en la cama. Tá güeno esto de enero en Buenos Aires, y calor, después de la nieve.

lunes, agosto 04, 2008

jueves

Bill ya estaba un poco borracho. Parker también, sentado en el respaldo de uno de los sillones capitoneados hablando con tres chicas a la vez. Andy aplaudía el segundo tema de los tipos esos vestidos de Elvis con cuernos de vaca, una versión bizarra de Final Countdown de Europe que decía algo así como "soy torero y putero", y los gatos finos -impecables- que acompañaban a los franceses gordos de la otra mesa les hacían los coros. Todo muy correcto en lo formal e incorrecto en lo político: mi trago y su precio, los colores de la ropa de la gente, el aroma Faena que a pesar de estar permitido fumar se percibía intacto al fondo, como un retrogusto con función de recordatorio de dónde estábamos (siempre me divirtió el concepto de "fragancia exclusiva" para un desodorante de ambientes). Jueves pasadas las doce eran. Y ahí fue que Gonzalo me presentó a su amigo Lautaro, primo de Martín, el que estudia afuera. Ojos claros, veintivarios de afteroffice, rulo controlado con gel que se empezaba a rebelar por la hora, iba por la tercera o cuarta copa creo.

Y me sorprendí. Hay una dinámica común en esas situaciones de grupos más o menos separados, más o menos juntos, en la que ya empezada la noche las conversaciones se agarran por donde se llega y la propiedad transitiva del yo te conozco y vos lo conocés hace que se converse con perfectos extraños con cierto grado de desinhibición, o desparpajo. Pero no fue eso lo que me llamó la atención. El tema tampoco, ya ni me acuerdo de qué estábamos hablando. Lo que me sacó de golpe fue una suma de detalles menores que tomaban forma por acumulación: había algo en la distancia en la que ponía la jeta para hablarme, la forma de apoyar la mano en mi espalda, la mirada directa a los ojos… cierto protocolo corporal que yo percibía extraño y no lograba descular por qué. Nada malo definitivamente, pero raro. Descarté de toque que me estuviera levantando, ese tipo de roces no me descolocan; y no porque sea tan habitual que me venga a muyar un flaco, sino porque pienso que todo ser humano está dispuesto a aceptar de buen grado la posibilidad de ser seducido. Pero no. No era eso… especialmente por la notoria heterosexualidad a la que me olía este Lautaro. Tampoco era atractivo por demás, descarté también esa extrañeza que se genera ante cierta clase de presencias que por sí mismas aturden y te dejan bobo. Este era un buen tipo cualquiera, un flaco de copas en jueves con sus pares hablando de autos, de tetas y de vinos. Y ahí fue que caí: pares.

Evidentemente, en mi afán de reglas claras y transparencia social estoy demasiado acostumbrado a que surja el tema de mi orientación, o a dejarla en claro. No sé muy bien por qué, pero me sale. Como si fuera necesario, amable o civilizado hacerle entender a cualquier señorita recién conocida que no voy a estar interesado en su escote más allá de lo puramente estético, o advertirle a cualquier gil que atención con lo que diga o haga que puedo llegar a tomar como una invitación. El jueves, por cómo se había dado la situación, no hubo oportunidad de sacarlo en la conversa y sin buscarlo me encontré de golpe con el mundo de los pares heterosexuales y su extraño código de comunicación, en el que hacía rato no entraba.

No me acordaba de eso, y me dejó un rato medio enajenado. Es que posta, es un código amistoso muy distinto al que yo manejo hoy por hoy con mis incluso más íntimos amigos curtidores de mujeres. Y me quedé pensando un rato, llegando a la conclusión de que todo se reduce a una cuestión de límites.

En el ámbito de los tipos héteros hay una ambigüedad juguetona establecida entre perímetros que se sabe no se van a atravesar que los deja tranquilos. Una delimitación clara que les permite ser mucho más flexibles y osados dentro de ese terreno “seguro”… y tocarse de determinado modo, rozarse, y hasta disfrutarse mutuamente por lo claro de a lo que no se va a llegar. Y por oposición, cuando uno por simple presencia de puto bien plantado ofrece -sin decirlo- un corrimiento del límite, de inmediato para el otro tipo ese jugueteo se bloquea… evidentemente, sumarle a la cancha un par de metros extra implica que la pelota puede llegar a escaparse más allá de lo acostumbrado y técnicamente hablando, no sería fuera de juego. Y muchos prefieren no correr el riesgo de patear en terreno incógnito.

Para cuando me dejaron con el auto (Sí, seguiría de gira pero mañana laburo temprano. Dale, estoy justo a mitad de camino. Arenales y Ecuador, justo... No, te acordás bien, vivo en Colegiales y... No, que dejaba un mensaje, para que me abran la puerta porque perdí la llave. Que qué? No, mi novio.) antes de seguir la ronda nocturna, ya los límites habían vuelto a ser los acostumbrados, y las distancias de cara a cara, y las manos y la buena onda habitual. "Copado el flaco este", "mirá vos, era puto", debe haber dicho cuando me bajé del Corsa. O probablemente no haya dicho nada, queseyó.


jueves, julio 17, 2008

Y

Y es la extraña sensación de que por un momento -sólo por un momento- el país estuvo a punto de, casi al borde de arrebatarle el mango de la sartén a quienes lo sustuvieron históricamente. De mal modo, eh. Por las malas, con toda la furia y prepotencia del que sevillana nueva arrebata en plan euforia sin medir consecuencias. Y sin saber del todo qué iba a hacer con él.

Y es también la tristeza e impotencia de saber que los cambios drásticos no son para estos pagos y la certeza de que las dialécticas existen, y son inexpugnables. Que al que la pisa no se la saca así como así, gambeta y caño.

Y que me voy a quedar con ganas de saber qué hubiese pasado si, cómo se habría roto y cómo se habría rearmado luego. Porque en conjunto somos Argentinos, incorregibles y contradictorios.

Y conservadores. Muy conservas. Y ante la angustia de la duda, Palermo siempre nos tira para el lado del olvido.

miércoles, junio 11, 2008

axioma

Uno ya lo tiene el cuento, todos lo repiten. De una u otra forma, es uno de los pocos axiomas irrefutables del ser humano: estamos hechos para reproducirnos. Para cualquier cultura, la reproducción de sus miembros como hecho colectivo es imprescindible en pos de la perpetuidad –dado el carácter finito de sus componentes- y la perpetuidad es siempre EL fin. Eso desde lo colectivo. Y nadie lo discute.

Desde la lógica del individuo, a través del tiempo y de una y mil formas se nos dice, se nos enseña y se nos convence de que la vida cambia su sentido de forma rotunda y casi mágica cuando a uno le nace un pibe. Ese momento tan importante, dicen deviene bisagra y convierte a los que lo han vivido en miembros de un Club diferente que habla un idioma que sólo los propios miembros puede entender cabalmente. Esa membresía nos la refriegan en la cara desde pendejos (“ya vas a entender cuando seas padre”) y lo siguen haciendo más crecidos (“boludo te cambia todo, las prioridades se invierten, ya no salgo-fumo-aspiro-reviento, bla bla”)… y aunque se quejan de algunas de las obligaciones del asociado, no conozco absolutamente a nadie que se haya arrepentido de formar parte del Club.

Y si bien el tema fue revisitado por todas las artes desde siempre, cito una referencia que me viene a la cabeza en este momento, uno de los diálogos a mi entender más lucidos de Perdidos en Tokio: Bill Murray cenital a derecha de cámara horizontal en la cama con Scarlett Johansson duraznito apetecible. Sólo se rozan con un dedo del pie, y en ese marco de delicada tensión el viejo hablando boludeces de las de en serio suelta: “El día que nace tu primer hijo es el día más terrible de tu vida. Porque sabés que lo que conocías como tal acaba de terminar para siempre, y es imposible recuperarlo… pero sin embargo, una vez que ese bebé que se moja empieza a crecer, te das cuenta de que es la persona más fascinante, cool y agradable que vas a conocer jamás.” O algo así. Pero esa era la idea. Y la idea también era ver una vez más como hasta la apoteosis de la coolidez modelo dos mil bienentendida (al menos por mí) que representa Sofía Coppola se prende de un concepto tan remanido y tan terrenal como ese. No hay debate, sino consenso absoluto: todo el tiempo, todo el tiempo TODO, todos están de acuerdo en esa decisión de convertir eso que es perpetuar el propio ADN en una redención del alma, en un Sino, cénit de la existencia.

Y ese tema, estimados no lectores tras un año de ausencia en este espacio, es el que me tiene yirando la cabeza un poco, sin llevarme a ninguna conclusión. Todo bien con lo Puto, ya pasó a los veintiuno el momento de descubrirlo, de hacer el duelo correspondiente a la etapa, de investigarlo y de aceptarlo. De ahí en más vino el tiempo de abrazarlo, de garcharlo en bocha de formas, lugares y de tipos más o menos parecidos, el tiempo de festejarlo. Desde los veinticuatro y con Matías, el momento de aprender a armar un protocolo de pareja ad-hoc sin acovacharnos en el simplismo de encastrar el modelo hétero en un formato menos anatómico… Y ahora con poco menos de treinta me intriga esta etapa de ir tomando real conciencia de saberme fuera del Club; así que voy husmeando tratando de encontrar por otro lado algo que le dé algún tipo de continuidad -cuándo no- a esto. Es que vamos, me niego a vivir de acá en más repitiendo un loop de los últimos siete años, como creo haber visto a tantos. Y supongo que a fuerza de búsqueda se termina encontrando algo... ya veremos qué dado rueda para avanzar al siguiente casillero.

viernes, mayo 04, 2007

Retro 2

Sigo en plan revisionista, archivando carpetas y mails viejos. Esto de revisitarse en lo escrito es bastante revelador... por lo pronto, me acabo de revelar a mí mismo como alguien muy insistente a la hora de querer conseguir una respuesta, y hábil parece. Va mail mío a Verónica, ex novia en el 2003, dos años después de haber terminado relación por (ejem) motivos de público conocimiento.


Dos días después nos juntamos a comer, y le regalé flores. Nos emborrachamos un poco, y hablamos mucho mucho. Después no nos vimos por otros dos años.

-----------------------------------------------
Hola Vero,

Uf, segundo mail sin respuesta.
Barajo dos opciones con variables múltiples.

A) Cambiaste de mail y nunca recibiste ni recibirás ninguno de los que te mandé hasta ahora. Esta opción es simple: muere en sí misma y las variables no tienen demasiado sentido. Uno cambia de mail por diversas razones de indole práctica la mayoría de las veces (evitar spam, aburrimiento, cansancio de un servidor), pero lamentablemente sospecho que no es el caso. Tener veronica(apellido)@hotmail.com es tener un traje Chanel hecho a medida.

B) No querés, decidida y deliberadamente tener contacto conmigo. Como verás, descarto el “no tengo tiempo”, el “estoy de vacaciones, luego escribo” y el “ me colgué”, basado en la evidencia de varios meses de silencio tuyo e intentos míos. Intentos respetuosos, por cierto. También descarto la muerte o discapacidad motriz, ya que me hubiera enterado al menos por tu madre. Esta opción me pone triste de por sí, pero acá sí tengo que abrir nuevamente el abanico y desplegar más hipótesis.

B.1) Estás enojada, muy enojada. Hay gente que a veces cuando se enoja no responde mails. Si es así, me encantaría saber por qué. A menos que exista el enojo retroactivo, no creo haberte dado motivo en este último tiempo, especialmente tras esa charla tan agradable y fuerte de borrachera Palermo que tuvimos, y el breve tiempo de acercamiento que procuró luego. En fin, también la descartaría, no me creo tan importante. Un enojo que genera inacción frente a insistencia es un enojo muy grande, y ocupa espacio. Insisto, no me parece sea este el motivo.
Además, hace no demasiado asomaste el hocico por mi oficina en son de paz, y luego no te volví a ver. Eso me intriga también.

B.2) Estás muy bien con Bruno y no querés entorpecer la relación, respetando sus locuras (que reconocés como tales) de celos y prometiste no volver a verme/escribirme/recordarme/hablarme/mencionarme. Si es así, me voy a poner muy triste, pero tengo que respetarlo. Sólo te pido que en ese caso me mandes una postal/mail/mensaje vía terceros de tu decisión así no gasto más tiempo ni energía y tampoco te pongo en el trabajo tedioso de borrar mis mails. Ojo, tampoco me siento tan importante como para creer en esta opción. Pero como las anteriores, es una posibilidad. Doy por sentado que para que esta opción ocurra estarás MUY bien con Bruno, ya que no sos estúpida y no la vas a pasar mal a la vez que cumplir con reglas protocolares ridículas.

B.3) Sos esclava en una secta suicida dirigida por un mesías que profetizó el fin del mundo, y tenés prohibido contactarte con tu pasado, al cual pertenezco. Acá sí, te deseo suerte y que en el más allá te reconozcan los esfuerzos. De todos modos espero enterarme el día del sacrificio, de seguro van a salir en Crónica. (Será?)

B.4) Las tres anteriores juntas, o combinaciones simples de ellas.

B.5) Ninguna de las anteriores. Responder motivo si es así (aunque suene paradójico).

Bueno, suficiente.
Espero haber captado tu atención al menos por un rato con tanta huevada y recibir noticias. Porque somos adultos ya. Y porque a pesar de que pasaron dos años, me sigo acordando de vos de buena manera. Y no quiero seas sólo un recuerdo, te quiero parte del hoy de algún modo... te quiero.
Así que por respeto a lo que fue, y como esperanza de lo que puede venir... rompé la inercia, nena, y escribime, dame un teléfono o llamame vos.

Beso,

PAblo.-

domingo, marzo 18, 2007

*

Se me ocurre que el cinismo refinado -de tanto en tanto- queda a un solo gradiente de distancia de la ingenuidad más pura; como si la última fuese incluso una forma extra-destilada y elaborada del primero: un licor exquisito que se obtendría solamente en los alambiques sociales más complejos, ociosos y entretenidos.

viernes, diciembre 15, 2006

Matías 1

Mi novio no es un tipo simple. Nació en Montevideo en el 72, cuando estaban instaurándose las Medidas Prontas de Seguridad, prolegómeno de la dictadura más cruenta en proporción de toda América Latina. El viejo de él, tupa comprometido, con el quilombo que había lo anotó un día después del que le correspondía en el Registro Civil.

Por eso digo que no es un tipo simple. Es la única persona que conozco que hasta cuando le preguntan una tan fácil como “qué día cumplís los años”, te responde: “depende”.

viernes, septiembre 22, 2006

Puf

¿Por qué?

Pregunto, por qué a algunos les es necesario reírse del otro, encontrar la paja en el ojo ajeno, la aguja en el pajar, la quinta pata al gato? ¿Por qué carajo les es necesario buscar referencia en el otro diferente para querer más o menos la propia vida?

Eso vos. Yo me río, pateo, puteo, y deseo que dejes de encontrar diversión o placer con el fustigamiento absurdo, o dedo en lo que creés llaga. El dedo en la llaga, me causa gracia tu dedo en lo que es llaga sólo para vos.

Vamos por pasos. ¿Qué si el otro tiene la vida más fácil que vos, o al menos ante tu lente?
Decime, qué te hace a vos, qué te hace repensar tu propio bucolismo, tu desgracia de bilis; por qué siempre mirás hacia arriba con desdén, la zorra y las uvas, pedazo de nabo?

Y ya que estás, explicame también por qué ese taxista cree tener derecho a tratar mal porque sí al tilingo de traje tres de la mañana que después de doce horas de laburo se mandó dos copas y quiso caminar por la costanera vacía hasta aeroparque un jueves... ¿Por qué siente dialéctica marxista malaprendida soy de abajo y por ende mejor y te puteo sólo porque estás ahí, volviendo de una disco de treinta mangos el trago... ¿Qué carajo sabrá cuánto laburo le cuesta al tilingo ese trago que paga porcentaje lo mismo que él su ginebra Bols de petaca? ¿O no es lo mismo? ¿O a él se la regalan? Y casi podría asegurar que ese mismo tachero después olvida la dialéctica frente a un piquete, o a una marcha justa pidiendo a gritos mano dura y represión. Eso no es dialéctica, eso es esquizofrenia, chantada, ombliguismo...

Me embalé. Mi viejo vive con dolor puto en el tuétano de todos sus huesos, todos, y se levanta, y labura, y me sonríe, yo le sonrío, y lo ayudo, y la paso como el culo también, y lo admiro más por como lo lleva. Y él, como tantos otros, no se pregunta por qué al resto del mundo no le duele, y también agradece que sea así. Porque el dolor compartido por muchos no es dolor dividido, es dolor multiplicado. Más dolor. Y pensar así no es hacer una alabanza del estoicismo, es entender que ante lo que se es impotente, no hay que detenerse.

Y al el pibe de la calle poxirrán que ya no tiene un carajo de dónde comparar te mira con resignación, porque ya no pelea, porque ya le chupa un huevo y no puede pensar abstracto, y vos le perdonás la cumbia porque viene de donde viene... aunque probablemente no sepas que ese otro flaco que va ahí está en otra completamente distinta a pesar de haber nacido en el mismo barrio, en la casita de al lado, y se le dio y se rompió para arreglarse de otro modo... por qué envidiar y desearle daño? No entiendo. ¿Por qué daño? ¿Te alivia algo?

Man, deseate un buen día, una buena tarde, una buena noche, deseate y hacétela. Inventátela. Mentite, armate, creete... pero por vos, en serio, no jodas. Pedí ayuda! O brindá ayuda, hay mil formas de laburar para los otros, de dar una mano sin gritarlo a los cuatro vientos. Y rezá si te gusta rezar, o salí a la calle a trotar para bajar la panza que te molesta, no socarronees mascullante al que está bien porque hace deporte. O disfrutá tu buzarda. Mejor investigá cómo encontrar oro en tu mina, o pergeñate el modo de hacerle pasar un mejor rato al que tenés a lo Amelie Poulain, o eso... no jodas. O pegate un tiro mejor. Nah, no da. No te lo pegues y doná el matagatos de tu abuelo al ejército de salvación, que esa balita de pólvora abotargada ya no va a disparar, y alguien podría pagar unos cuantos euros de más y alguien más podría salir beneficiado. Y podrías ser vos. Y qué si el beneficiado ahora no sos vos? ¿Te jode?

Ya te va a tocar, man, ya te va a tocar. Hacé las cosas lo mejor que puedas y disfrutá lo que viene. Causa y efecto, acción y reacción. Usá tu cabeza en hacerte bien a vos y al resto, no va destruir pluma afilada, basta de sufrimiento y cinismo, el fondo de un pozo es asidero para saltar y nada más.

Y sabé que haber trabajado desde los trece porque era la que había, a mí no me hace mejor tipo que si pudiera no haber trabajado hasta los veintiocho postgrado en Harvard. Y las cosas son así. Hay de todo en todas partes.

Ser de abajo no te hace mejor. Ser de arriba tampoco. Ser bueno te hace mejor, nabito.

Eso. Hacé las cosas lo mejor que puedas y pasala bien, haceme caso. Siempre alguien te lo va a agradecer, y si no te lo agradecen nunca aprendé a que no te importe. Demostrar tu ingenio cagándote de risa del afortunado que envidiás no te va a llevar a ningún lado. Porque sabés que en el fondo... esté parado donde esté parado, en el podio o varios metros por debajo de él, ese también tiene luces y sombras. Y si la sombra de aquél te parece pocacosa, irrisoria, fútil, banal o insoportablemente leve, bancatelá. Porque sos lo suficientemente inteligente para darte cuenta de que yo, Pablo, a veces la paso bien y a veces la paso como el orto. Y que mis demonios me morfan, y mis angelitos me hacen volar por las nubes. Pero no le debo nada a nadie. Y me tomo en joda lo que considero que debo, y me tomo en serio lo que considero que quiero.

lunes, septiembre 11, 2006

Juerzaaaa




Eso es. Cuando no hay forma de darle al día para que remonte, y se acaba la nafta y cada vez que empujás te metés más y más en el barro y llueve más y no vas para ningún lado... hay que recurrir a la imagen de playa más cercana que uno tenga. Siempre funciona. Playatardecer con porrito, y somos todos chinos.
Y después seguir empujando, qué va'cer.

miércoles, agosto 30, 2006

Verdadoverratedddd

A medida que pasa el tiempo me voy dando cada vez más cuenta en carne propia, de que la Verdad como valor social está sobrevalorada. Y no sólo creo esto sea resultado de la ecuación inefable"el tiempo pasa, nos vamos poniendo cínicos"... No sé, supongo que un concepto tan jodido de definir como ese, en el que miles de escuelas filosóficas no han podido acordar y que otras tantas religiones adoran mirando a puntos diametralmente opuestos, no puede invocarse como cénit absoluto, redención y panacea de las relaciones humanas.

Hay verdades y verdades, y en nombre de la Verdad con mayúscula se sigue haciendo mierda la gente entre sí, salvando sus propios intereses en desmedro de los ajenos... ¿alguien acaso escuchó alguna vez algo que hubiese querido escuchar, después del aviso/muletilla pro-verdad "Mirá, te voy a ser franco"?¿Y nunca fueron traicionados por el depositario de un secreto de los jevis, que en flagrante delito tras la brutuspuñalada les esputa un "che, disculpá, es que me preguntaron y no pude evitar decir la verdad."??? Esto me rompe soberanamente las pelotas.

No es mi intención tampoco generar un nuevo concepto personal de Verdad, me chupa un huevo y la mitad del otro si lo que pienso cuaja en el relativismo, la verdad revelada, la verdad última o la Vera Veritas Veritatis. Esto que estoy tratando de ajustar y encender para que me lleve a algún lado tiene más que ver con el rescate de la ilusión y la fantasía frente al concepto prepotente de Verdad; esa puta Verdad que con aura prístina entra en escena cadera meneante haciendo ruido con los tacos, sonríe cínica y sumerge en el fondo de un balde de alquitrán caliente a los dos conceptos anteriores poniéndolos a un mismo nivel, rebautizándolos como "Mentira" en su simplismo, o convirtiéndolos en un eufemismo tramposo, una mueca agria de lo que podrían ser para otros.

A ver. Es válida para mí la infancia florida de Familia Ingalls que tuve. La pasé bomba, con un núcleo nido de gorrión que solucionaba debacles económicas y enfermedades putas a fuerza del chuchichuchi igual estamos todos juntitos y nos queremos ñañañaña, y nos vamos a querer siempre. Y eso fue válido, aunque mi viejo años más tarde haya estrangulado el corazón de mi vieja a mano limpia enamorándose de su mejor amiga, por ejemplo. Y aunque yo hoy revisite la historia y descubra otras cosas que no eran tan como yo las veía... que finalmente no hayan resultado Verdad, no implica que no hayan sido muy válidas para mi pasado, y muy útiles para mi presente.

Mis quilombos internos frente a las primeras experiencias con tipos me las banqué estoico, asegurándome transpirado en voz baja cachetes rojos frente al espejo del baño del Cine Boxx que era solamente una fase pasajera, de autobúsqueda y que yo seguía siendo tan hetero como siempre; que me iba a casar con mi novia y mudarme a Barcelona, y poblar el mundo de pequeños ingerchitos tan machotes como yo. Así fue que llegué a forjar una autoestima de mil doscientos garches que sirvió de pimpollo para el flor de puto feliz que terminé resultando.

Fue alucinante mi primer noviazgo con un flaco, y mi seguridad de que él se iba de vacaciones a Ibiza sólo para descansar y tomar aire; hecho que encerraba tanta verdad en sí como creer en que Papanuel aparecía a dejar los regalos solamente cuando no lo veía nadie. Y hoy por hoy me encanta saber que, a decir de Mato, soy el mejor garchador de todos siempre y mi pito está más bueno que el de Billy Brandt y el de Dano Sulik juntos. Y no acepto otra verdad que esa, aunque claro está que no es el primero que me lo dice, ehrm.

Y no digo que no haya sospechado hace un par de meses cuando le diagnosticaron linfoma a Manuel -un conocido de 19 años que quería que lo dejaran salir del hospital para volver a jugar a la pelota- que el tema podía terminar mal... pero estuvo buenísimo que hasta que palmó el pibe siempre existió para mí la posibilidad de la curación posta. Y quizás no era Verdad, pero me permitía vivir mejor, y ser más apoyo real para él y su vieja.

El engaño por amor, el autoengaño por narcisismo, y la negación de la realidad por firme determinación generan escenarios paralelos e imprescindibles para la construcción de fortalezas.
Hay que hacer un esfuerzo, eso sí, por mantener cierto equilibrio y lograr que la película de cada uno tenga algunos puntos de anclaje en la Verdad Común de la que tanto se habla... pero siempre sabiendo que si uno se ata demasiado a ella probablemente termine convirtiéndose en un tipo muy triste e infeliz, o en un Actuario. Si en cambio se pierde el contacto por completo, quizás devenga en esquizo, autista, director de cine independiente, Leevon Kennedy o Marta Minujín.

El término medio es la única que me cierra, que me permite levantar buena altura con saltos de pulga, pero pisando fuerte el piso de tanto en tanto.

miércoles, agosto 02, 2006

Odio el Carnaval Carioca

Caí en cuenta de que tengo la manía de escribir solamente cuando las cosas me van relativamente bien, o cuando me creo que las cosas me van relativamente bien. Le escapo a la melancolía como un pedófilo a la cana, como si las crisis fueran momentos íntimos míos y no hubiera que mostrárselos a nadie.

La posta es que me deprimo como cualquier chabón, aunque siento que lo hago a otro ritmo: mis heridas habituales son profundas y sangran a borbotones... pero cicatrizan muy rápido. Me banco tan poco estar del lado malherido que cazo una aguja y una piola, me autozurzo y ya, a otra cosa. Y sonrío, y me lo creo. O me olvido y dejo de lado el problema al que no le encuentro solución.

Otros arrastran cortadas menos profundas, más diluidas, que deben doler menos pero tardan más tiempo en cerrar. Heridas cuidadas primorosamente y acariciadas de a poco que van dejando un rastro de sangre en la nieve; pero yo no puedo, juro que no me sale.

Causas: la mayoría de las veces mis bajones vienen por el mismo lado, lo que yo llamo el Síndrome del Carnaval Carioca. Esto nació con uno en particular, un Carnaval Carioca que me perdí a los cuatro años en el casamiento de una amiga de mi vieja. Es que yo quería quedarme despierto, porque sabía que después de toda la paparruchada ridícula esa de las mamás mostrando las piernas y poniéndose las medias de otra... venía esa parte, con esa imagen que era lo más. Me quería quedar despierto para cuando todos cantaran pepépepépepé la canción de Brasil Brasil y tiraran confeti y serpentinas y se pusieran antifaces y maracas y los tíos borrachos me hicieran upa y los chicos -dejados de lado durante casi todo el acontecimiento- volviéramos a integrar la fiesta como verdaderos participantes. La cagada es que eso pasaba un poco después de lo que podía esperar mi cuerpecito flequilludo, mi aguante de hoy no valía en el 83. Cabeceos varios y me quedé dormido, en dos sillas acomodadas a modo de cama (acamadadas?) pero con la promesa solemne de mi viejo de que iba despertarme para cuando llegara el desborde de alegría que venía esperando toda la noche.

...

Me desperté a upa, Stevie Wonder de fondo y fundido de negro a fuera de foco babeando un hombro materno. En cuadro, un salón vacío, tres parejas saludándose y un señor barriendo los restos del momento que había pasado irremediablemente y me había perdido para siempre jamás. Y sentí el aliento a alcohol rancio de la novia pelo batido en patas saludando a mi vieja "qué lindo, pobrecito, cómo se quedó dormidito". Y escuché a mi viejo "no hubo caso, no pudimos despertarlo aunque lo intentamos varias veces". Y no pude decir nada. Y me puse a llorar. Heavy. Y me gasté la garganta desconsolado, a los gritos, exagerado como hacía mucho que no lloraba. Y no hubo modo de callarme por un rato bien largo, de llanto ininterrumpido; no hubo modo ni en el auto, ni con el souvenir de mierda, ni en casa... hasta que supongo me ganó de vuelta el cansancio y me quedé dormido hipando la bronca más legítima para con el mundo, para conmigo y para con nadie. PAh, ese es un recuerdo horrible que me acompaña nítido hasta veintitrés años más tarde.

Y la mayor parte de mis bajones me recuerda un poco a eso.
Es esa sensación horrible de saberme eterno inconformista que no puede vivir ochocientas vidas de una vez. Esa resignación realista a que todo pase sólo por una, cuando hay tanto por intentar experimentar... y un solo cuerpo, y unos pocos años chotos de juventud tersa y firme. Tomo conciencia de que estoy acá, en la productora, siendo solamente yo y haciendo una sola cosa todos los días... perdiéndome de otros diez millones de Carnavales Cariocas a los que no voy a poder ir y no sabría cómo.

Y ahí, justamente ahí, es donde me doy cuenta de lo absurdo que es quedarse llorando y aturdir al resto cuando uno se siente mal. Lo único que hace falta es cerrar la boca, cerrar los ojos y dejar dormir. Ver cómo se soluciona la cosa. Arreglar un par de planes para mañana, y despertarse pensando en otra cosa. O irse de Carnaval Carioca, ja.

lunes, julio 24, 2006

Retro

Retomando el concepto de Blog Didion que Repa comentaba no hace demasiado, y en pleno proceso de recopilación y acomode de todo lo mío que ande suelto (deudas, ropa, amigos perdidos, promesas incumplidas) me encontré con uno de esos documentos de word de versiones viejas que apaciguaban mis incipientes ganas de escribir para desahogo. Esto es de cuatro años y medio atrás, épocas de internet dial-up, no blog, cambios laborales, y los primeros indicios de recuperación tras el primer gran desengaño amoroso que me dejó inútil algunos meses. Me llamó la atención por eso, porque nombro a mucha gente y ya no lo nombro a él. Eso es lo que pasa cuando se acelera la cicatriz: uno queda un poco desorientado y sin saber del todo bien adónde apuntar... aunque ahora que releo, de la prosa (bastante chota) chorreaban todavía unas cuantas gotas de sangre, o ácido clorhídrico, no sé muy bien lo qué.

----------

2003

De hace un tiempo a esta parte, en los ratos libres que me dejaba el trabajo, me atacaba una suerte de vacío tan denso que era literalmente tangible. No sabía qué hacer con él. El sexo lo llenaba de a ratos, al igual que el cine, drogas varias, salidas nocturnas, ropa. Pero el vacio guacho puto reaparecía apenas finalizada la distracción, firme y constante. A todas partes conmigo. Así que ahora decidí hacerme amigo de mi vacío y se convirtió en el paroxismo de la amistad: me acompaña igual que antes, lo acaricio, lo masturbo y él me devuelve lo mejor de sí mismo. Más vacío!

---------------------------

2003

Hay un tipo que vive en Madrid y se llama P. y me gusta mucho porque vive lejos y es cool y garchamos rebien y le muerdo la oreja y se me pone la piel de pollo. Pero vive lejos. Pero es cool. Pero etc.

Mi amiga E. tiene un vacío también, pero aunque no me lo diga, me doy cuenta que le copa el mío, porque es más gordito y viajado que el de ella. E. es rubia, vive en Palermo y hace bodypump. A veces se llama Jéssica.

A. es bálsamo y está al margen de todo, ella se depila las axilas y el cavado y me usa el baño cuando no sabe que yo estoy apurado porque en realidad me quiero ir a la casa de F. para ir a Pachá para ir a festejar el cumpleaños de mi amigo J. con el que festejamos algo todo el tiempo aunque no haya nada que festejar. J. cumplió treinta años y tiene el vacío un poco más gastado, no tiene trabajo pero vive en Palermo. Qué suerte tener amigos como los que tengo!

L. a veces es el hetero más lindo de todos y lo tiene muy en claro. Yo lo envidio un poco, pero es bueno y más que nada me produce calentura: aunque tenga una nutria en la panza sus abdominales son los mejores. Creo que L. no tiene vacío, es un poco raro.

F. es mi Padrino Puto, yo lo admiro y lo quiero mucho. Él me enseña muchas cosas y siempre lo observo porque lo que hace F. está bien. F. ahora tiene un novio con un castillo en Cataluña, y estuvo en el Festival de Cannes y es feliz siempre siempre siempre. También vive en Palermo Palermo Palermo.

Me voy a dormir. Vamos, vacío.

------------------------------------------------------------

martes, julio 04, 2006

Teoría de Charlie

Charlie, un amigo que voy aprendiendo a querer a la distancia me decía que

Yo separo la vida en momentos de disfrute y momentos de construcción, y hay etapas cíclicas necesarias entre uno y otro que hacen que todo sea más divertido. Estoy estudiando el período del ciclo y hoy creo que lo mejor es un ciclo de un año y medio, pero sigue en estudio, digamos que solo tengo confirmada la desestimación de la hipótesis de una vida joven de construcción para una jubilación de disfrute.

Ese puntapié inicial me disparó una serie de pensamientos que derivaron en desacomodar esa especie de paz interna que hacía que la fiaca le ganara al blogger... y me llamé, como hago de vez en cuando, a mini reflexión. No saqué mucho en claro, pero se cayeron un par de cosas por au propio peso. Evidentemente mi blog reflejó algún tipo de ciclo, un ciclo de gestación humana por duración. Arranqué escribiendo nueve meses al hilo con cierta regularidad, y de golpe pluf! parí espontáneamente un parate de dos meses, una pequeña licencia por maternidad de vacío. Casualidad? Veremos de acá a marzo 2007.

El separar la vida en ciclos como si todo pudiera graficarse en ejes cartesianos y ondas sinusoides que van y vienen tiene un beneficio activo por sobre otros modelos geométricos de pensarse: todo va y vuelve, pico pozo pico pozo y si ahora no me siento del todo bien, pero remo con ganas, estoy seguro de que voy a llegar al otro lado. Ahora, el cénit de felicidad en ese vaivén de sensaciones puede llegar en uno u otro momento, ya que cuando uno se hamaca no siempre llega igual de alto. Eso depende de cuán fuerte se empuje cada vez que se pasa por el medio. Y ahí llegamos al punto más interesante en la Teoría de Charlie, el llamado a Reflexión Automática: DE QUÉ LADO ESTÁS CHABÓNNNNN?

Mi primera reacción fue pensar que estoy estirando demasiado el lado del disfrute... Veamos: me acabo de mudar -solo, sin flatmate por primera vez- a la casa que buscaba desde hace años, empecé a practicar y estudiar una disciplina que me va interesando en el plano espiritual, confirmé espaldarazo laboral al que le doy masa los días de semana para poder reventarme de un modo muuuuy terrenal los fines, aumenté mi cuota de laburo social no remunerado, sigo entrenando duro en vistas al segundo dan, reafirmé Matías (este mes 3 años y la concha del mono)... Y ahí me di cuenta de que en realidad el disfrute en este caso lo voy mechando en el mismo período de construcción, casi en el mismo acto... y se me caen los ciclos al piso. Y me cago un poco en eso, porque me hubiera encantado adherir sin peros al enunciado, pero otra vez más, ante cualquier intento de asir un poco la cosa por el mango se me va de las manos y termino generando una nueva interrogante para cada conclusión. Así que acá ando, escribiendo boludeces desde la deconstrucción, here I go again. Al menos el ejercicio fue desanquilosante y metí un post. Gracias Charlie!

miércoles, mayo 10, 2006

Racconto B.

Partamos de la base de que toda relación como hecho en sí, único y abarcable, es una mentira absoluta (Siempre viene bien romper con algún mito antes de contar una idea). Existe, como en el triángulo peirciano, una cadena semiológica que genera infinitud de puntos de vista tanto o más certeros y reales que el rótulo que suele ponerse; cosas que están en lugar de otras para ser interpretadas una y otra y otra vez.

Por ejemplo, a mis veinte recién cumplidos yo estaba seguro de estar por primera vez enamorado de alguien de mi mismo sexo, B., y también estaba igual de seguro de que B., aunque se hiciese el duro, en realidad tenía algo especial para conmigo. En mi conjunto de percepciones atormentadas por exceso de testosterona mal aprovechada, yo no era solamente para él el pibe straight del grupo de putos y tortas amigos que se había agarrado en el novedoso túnel del megaboliche AMK por diversión alguna vez aislada. No, B. no sólo no estaba enamorado de su novio (igual de lindo, igual de inalcanzable que él) sino que además estaba esperando inconcientemente que un chico decidido por fin a salir del placard que lo había mantenido en las catacumbas del mundo gay por un año o un poco más, viniera a llenar su vacío de rasgos perfectos, piel bronceada, y cierta bohemia de chico Levi’s.

Y esa era una relación para mí, toda una relación. Y me sentaba tarde tras noche en el bar de Palermo en el que él trabajaba de mozo, a la salida del rodaje, con mi notebook del laburo y mis Notas de Producción tan importantes (cargar las baterías de los handies, comprar dos conos de tránsito para reponer los robados, cuidar que el catering arme a la hora correcta y que no falte Coca Light) solamente para esperar que su amor por mí decantara. Qué extraña esa seguridad del enamorado que considera que la insistencia es una buena estrategia. Hasta que B. uno de esos días se despertó piadosamente tajante, y me explicó de un modo no muy cuidadoso que era preferible que me dejara de romper las pelotas, que él tenía un novio y que yo lo conocía, que mejor me buscara otro bar o las cosas se iban a poner menos amables. Y que no, que en copas sueltas no había otro vino que el Trapiche Malbec. Me acuerdo de esa sensación perfectamente: sentado en la mesa lo miraba a él y me parecía enorme, y yo por contraposición no pude menos que sentirme chiquito, muy chiquito y pocacosa. Un bajón.

Ahí justo vino lo demás, todo junto y en dos cauces. Por un lado, el sorpresivo estrellato de B., su primer protagónico con cara de afiche por la puta ciudad entera, su estoy en todas partes pero no me ves en ninguna (sólo en la pantalla grande), su viaje al festival de LA, su me quedo allá y sigo viajando. Y por el otro, mi decisión de dejar mi noviazgo heterosexual de cuatro años con promesa de casamiento en Barcelona, enterarme que mi viejo se iba de casa de golpe, de la nada tras veintilargos años de feliz? vida de casado, otra película a continuación de la que había terminado, el comienzo de mi vida gay abierta y sexo del bueno por todas partes... y la figura de B. que nunca llegó a diluirse, que solamente se esfumó, desapareció. Pero no fue sepultada por la avalancha de eventos que se me caían encima en efecto dominó. No, subió y se escapó por arriba, ahí por la hendija del techo. Y repensándolo mejor no fue todo efecto dominó. Unas cuantas fichas cayeron juntas por casualidad, o quizás me las merecía, no sé bien lo qué.

Entonces, volviendo a mi pequeña hipótesis, eso fue una relación y no lo fue. Lo fue para mis veinte de aparato afiebrado, no lo fue para los veintitres cool de B., y tampoco lo fue para mis (hoy creo, claro, veremos qué pasa de acá a cinco) un poco más sensatos veintisiete. Pero sin embargo he aquí el meollo de la cosa en serio: cuando una imagen es tan fuerte a nivel cojonal y se corta de golpe... esa sensación queda archivada y no evoluciona. Se queda ahí, no se resuelve, archivada y lacrada, aunque lista para salir cuando se la llame.

Y por un momento cuando alguien me dijo “viste quién cayó de Londres por unos días” en la Brandon del viernes pasado (Sí, la música reflotó, Carla Tintoré sigue estando muy atinada) e inmediatamente reconocí la estampa yeimsdinesca de B. de espaldas contraluz, apoyado en la barra… me acerqué trago en mano y lo saludé ya sin amor afiebrado, para nada. Pero lo saludé desde los cinco centímetros y medio que medía esa tarde del orto en el Bar Spirit casi siete años atrás, tal como lo había dejado. Sin el sentimiento, pero con la sensación.

Después nos abrazamos, hablamos dos boludeces de borracho, le presenté a Matías y bailamos un rato bien largo en nuestro grupo grande y heterogéneo, como cuando nos conocimos en el Brandon que empezaba en Córdoba y Gascón los miércoles a la noche. Se fueron equilibrando y actualizando las cosas con el trajín de la velada. Ya para el final del último set con la pista semivacía, cuando me fui con Mati a su casa y lo fui a saludar a B. de nuevo (Che, qué bueno verte man, lo mismo digo), estoy casi seguro de que medíamos lo mismo, o a lo sumo me llevaría los diez centímetros que siempre me llevó. Es que el hijo de puta sigue estando igual de lindo, pero qué hijo de puta.

martes, mayo 02, 2006

Don Quijote y Yo


Mi viejo, Eduardo, es el tipo de persona que hace planteos tales como: “Si tomamos por cierto el enunciado que dice que cuando una tostada se te cae al suelo siempre lo hace con la manteca para abajo, y también el que dice que los gatos siempre caen parados… habría que experimentar entonces qué ocurre si uno unta el lomo de un gato con manteca.” Es decir, un tipo de persona muy particular. Habla cuatro idiomas y nunca viajó más lejos que a Brasil. Estudió toda su vida y lo sigue haciendo, es Profesor universitario de Historia, casi abogado (le faltaban dos materias y se arrepintió), es Licenciado en Relaciones Públicas, poeta con dos libros escritos y sin embargo trabaja de visitador médico. “Es un trabajo que te permite estar en la calle todo el tiempo” su explicación. Y no me extrañaría que si se quedara sin laburo, se hiciera tachero. La libertad para él es un bien que atesora como ningún otro, especialmente porque nunca logró atesorar ningún otro bien más que ese, afectos y sapiencia. De guita ni hablar. No sirve para eso. Está de novio con mi Tía Silvia, la ex-mejor amiga de mi vieja, y tiene encima dos cardiocirugías, un cáncer eliminado y veintitrés intervenciones en articulaciones varias por culpa de un mal congénito de esos que le tocan a un boludo en dos millones, y lo ligó él. Je, es un tipo muy especial, no cabe duda. Le tocó tener Laxitud Congénita de Ligamentos. Una puta enfermedad que ahora lo tiene como a un adicto yendo a infiltrarse la médula cada mes para paliar el dolor, pero fue la misma que le permitió de pendejo ser dueño de una elasticidad envidiable y que él aprovechó para entrarle a cualquier deporte: Hizo esgrima, tai-chi-chuan, gimnasia deportiva, gimnasia artística, gimnasia en grandes aparatos, fútbol, vóley y hándbol. El año pasado quiso anotarse en un curso de piloto de ultralivianos y lo bocharon en el psicofísico, aunque prefiero no saber si la mitad que no aprobó fue la primera o la segunda. A cambio se puso a estudiar chino mandarín.

Como puede verse, esto no es una elegía ni mucho menos, aclaro un poco al pedo. Este tipo del que hablo tan bien por momentos es al mismo al que yo un día con nueve años de mocoso esperé con sangre fría que llegara a casa, le serví un café y pedí que se sentara, lo agarré de los brazos mirándolo a los ojos y le esputé: “sos un fracasado”, porque todos mis compañeritos del colegio en el que estaba becado se iban a Disney y yo pasaba las vacaciones en el campo en Castelli. Creo que ahí empezó a ir al psiquiatra nomás, y es el día de hoy que sigue yendo, depresivo crónico con altibajos. La frutilla de la torta que es su historia clínica: tiene una epilepsia latente, que se mantiene a tiro controlada con pastillas. Con los antiepilépticos llega a redondear los dieciséis comprimidos por día, entre inhibidores del dolor, anticefaleicos, antidepresivos, anticoagulantes, reguladores del colesterol y alguna pastillita azul que debe haber de seguro, ya que el sexo siempre fue algo importante para él. La mejor parte, es que así hecho una momia y todo no se queja nunca, no es de los hipocondríacos que creen tener todas las enfermedades: las tiene todas todas deadeveras posta. Yo salí sanito creo. Lo que sí compartimos es el tatuaje, vaya uno a saber por qué mecanismo extraño, habiendo tantas opciones de diseño para escribirme en el cuerpo tuve que elegir su “ETC.” en el mismo omóplato. Tenemos el mismo fucking tatuaje que me encanta y a la vez me hace sentir un aparato. Existirá en inglés la expresión "Tatoo after someone?" Claro que el mío es en un perfecto Times New Roman, mientras que el de él, un trazo de aguja casero con tinta china, a mano temblorosa y sin molde.

Ingercher Padre utiliza para su vida cotidiana un vocabulario bastante florido, todavía hoy aprendo palabras nuevas cuando converso con él. Por ejemplo, en casa utilizamos siempre “mondadientes”, el “vale” era moneda común, y nunca había gritos ni peleas, a lo sumo "exabruptos eventuales" y "altercados domésticos ad-hoc". El embrollo que surgía y sigue surgiendo es su no capacidad de discernimiento de idiolectos frente a quién está hablando, y aunque algunos no se calzan el sayo que quizás les correspondería, otros se ofenden y lo tildan de soberbio, aunque son los menos. Es que es un tipo que usualmente cae bien, y de última pasa por un poco hinchapelotas. Y lo es, eh. Tan hinchapelotas como para lograr que yo aprendiera a leer cumpliendo los tres años, pero a la vez tan considerado como para negarse otros tres años más tarde a que me castearan para un colegio para chicos “especiales” y se lo agradezco infinitamente. Nivelación para abajo quizás, pero nivelación al fin.

Hace unos años fui a visitarlo a su casa (No soy la clase de hijo que visita a sus padres muy a menudo, voy mucho menos de lo que se considera correcto en término promedio) para ponerlo al tanto de las novedades en cuanto a mi vida sexual, que no se veía venir para nada. Fui Informe Kinsey en mano, con dos revistas especializadas en el tema y un estudio sociológico de dudosa procedencia pero suficientemente serio como para calmar con datos la ansiedad que sabía iba a generarle. O datos o una úlcera, es así en su caso: la información le alivia el alma y se la distrae por un rato. Su primera respuesta fue clara y tajante: "Hijo, no es lo que hubiera elegido para vos, pero dadas como están las cosas, me parece que ninguno de los dos puede elegir demasiado al respecto. Quiero que seas feliz y voy a respetar tu orientación, pero te pido tengas la delicadeza cuando estés... digamos con alguien, de presentármelo como un Amigo si nos cruzamos." Uf, no había estado tan mal después de todo, y ese no era momento para echarle más leña a su estómago... pero a la semana siguiente cuando fui a devolverle el auto, tomé el recaudo de ir muy acompañado, éramos seis flacos en el Corsa. Al momento en que se acercó a la ventanilla, lo presenté, muy delicado yo: Este es Eduardo, mi viejo. Pa, te presento: un Amigo, un Amigo, un Amigo, un Amigo, y un Amigo."
No hace falta aclarar que ahora es él quien me pregunta por cómo anda mi novio, o lo llama directamente si necesita algo.


Esta presentación no viene a cuento de nada. Mi viejo no se murió ni está por, o igual que siempre, nunca se sabe. Ocurre que la semana pasada cumplió sesenta y un años y nos juntamos con él y mis hermanos a festejar en el casino y estuvo muy bien, salimos hechos. El black jack y el poker se ocuparon de recuperar lo que la rula nos hizo perder, y para cuando llegué a casa y me largué a escribir al respecto, el personaje le fue ganando por varios cuerpos a la anécdota en sí. Y eso que la anécdota estuvo bien, eh! Hasta volvimos medio borrachos cantando los cuatro en el auto, cliché absoluto, incluso teniendo absoluta conciencia de que lo era. Es que yo creo que los clichés nacen como tales después de haber sido carne en muchos cuerpos distintos, y son eso, nada más que momentos agradables que a fuerza de reencarnaciones se vuelven remanidos y toman un cariz despectivo observados en tercera persona… pero vivir un cliché desde adentro es lo más.

Adjunto abajo trascripción de uno de sus poemas, de esos que me regalaba para mis cumpleaños pre-adolescencia. Después me pregunto por qué a veces soy enroscado.


Don Quijote y Yo

Se me hace a cada instante más difícil
desdoblarme infinitamente
en tantas caras como sea necesario
para mantener diariamente el precario
equilibrio de tantas mentes en un solo cuerpo.
Se me hace a cada instante más difícil
ignorar lo ignorable y lo superfluo
y analizar razonable y tristemente
que los molinos de viento ya están muertos.
Para cada Quijote,
para cada Rocinante,
hay una realidad de Sancho como un ancla
que da sin piedad en tierra con su cuerpo
devolviendo a la realidad alucinante
de lo que ha sido un soñador, tan sólo un peso muerto.
Se me hace a cada instante más difícil desdoblarme.
Estoy cansado.
Queda del Quijote la armadura solamente,
rota la lanza, perdido el escudo
lo ha derrotado Dulcinea del Toboso.
Ella ha vuelto a ser aldeana, y él... demente.

E.I.

jueves, abril 20, 2006

Alcoholes I

Vodka
Al margen de su origen outsider, de altamar y soviets, todavía es la bebida estrella desde hace unos años. No tan perfumado como el gin, no tan dulce como el ron, el vodka combina una graduación alcohólica importante con un sabor aterciopelado a la garganta, que encaja inmediatamente con jugos de fruta, energizantes, otros alcoholes e incluso vegetales y picantes.
El mejor beneficio de beber vodka con respecto a otras bebidas es que no deja ese tufillo a alcohol que delata al bebedor en eventos sociales. el Vodka fue luego bautizado por tal motivo como “la bebida de los galanes”, aunque claro está, no evade las pruebas de alcoholemia. Un último descubrimiento le atribuye también eliminar por completo el aliento a ajo. Yo la verdad, no lo sé. Nunca como ajo si voy a salir luego.

Maridaje
Se le llama maridaje al arte de la combinación del vino con la comida, y si bien se han escrito tratados y libros enteros a tal respecto, hay tantas opiniones como sommeliers en el mundo. O mejor dicho, como paladares. De todos modos, yo comparto la opinión de una gran mayoría que acuerda en que los vinos blancos con sus características de palidez que dan sensación de liviandad, su aroma suave cercano a la uva, las frutas frescas y las flores, la alta acidez que causa sensación de frescura en el paladar, armonizan mejor con las carnes y las salsas blancas, los frutos de mar, algunos picantes, quesos de hongo azul, y otros fuertes pero de pasta blanda. Suena obvio por ahí, pero no tiene ningún sentido servir un vinito ligero, de carácter floral como el Pinot Gris (a Charlotte le encanta), con un ragôut de cordero, súper especiado, de salsa oscura. No va.

En cambio, los tintos, con una constitución muchísimo más compleja de sabores, están más predispuestos a ser los acompañantes de platos más pesadotes y más fuertes. Por su color oscuro, que adquieren por mayor tiempo de maceración, quedan presentados mucho mejor con las carnes rojas y las salsas oscuras, o de fondos de cocción. Es que el tanino que viene en las materias sólidas de las uvas reacciona con las proteínas de las carnes y sus jugos, con la saliva de la masticación y con los quesos duros. Y esa reacción química está buenísima. Se arma de golpe una materia nitrogenada que procesa al tanino y le resta acentuación, se pasa del sabor fuerte en la parte posterior de la lengua a algo mucho más calmo que suaviza, un asentado increíble de lo anterior, herida y bálsamo en un mismo sorbo. Puf.
Los tintos ligeros o muy viejos van mejor con las carnes suaves, como vaca y aves, mientras que los más tánicos, andan mejor con las más fuertes como el cordero, o las carnes de caza, aunque uno no suela comerlas muy a menudo. Con una parrillada, por ejemplo, recomiendo a full los segundos.


Si bien, repito, sobre gustos hay ya demasiado escrito y cada uno debe hacer lo que se le cante, adhiero cien por cien al siguiente “nonálogo del vino en la comida formal”:

1- No beber blancos dulces con mariscos o carnes de caza (jabalí, ciervo, codorniz, etc)
2- No beber grandes vinos tintos con moluscos o pescados. Se overlapean mal.
3- Los blancos secos deben ser bebidos antes que los tintos, en una cena de diferentes pasos.
4- Los ligeros, antes que los de más cuerpo. O te quedás sin paladar.
5- Los vinos fríos, antes que los que se encuentren a temperatura ambiente.
6- Los vinos deben servirse con una graduación alcohólica ascendente.
7- Siempre, entre vino y vino, mechar un sorbito de agua.
8- Un gran vino no debe figurar solo en la comida.
9- En caso de que sí haya un solo vino, debe cuidarse que no contraste con ninguno de los platos.

Ocho Gramos
Un organismo humano promedio es capaz de procesar, empaquetar y eliminar ocho gramos de alcohol etílico por hora, lo cual equivale exactamente a una medida de casi todas las bebidas que se sirven en la actualidad. Por ejemplo, media pinta o un chopp de una cerveza pils, una copa Paris de vino tinto o una medida de whisky tienen esa cantidad de alcohol en su contenido. Ocho gramos.

Resaca
Goethe escribió en Diván de Oriente y Occidente sobre los efectos de la resaca, a la cual define como una desarmonía psíquico-física. Una enfermedad producida por un exceso de alcohol en el cuerpo, que deviene en envenenamiento del alma. Otro día me prendo y recopilo un par de remedios caseros de lo más efectivos.

viernes, marzo 31, 2006

De Vuelta.

Seh, otra vez me colgué, atropellado un poco por unas semanas de laburo tupido y muy social, mechadas con entrenamiento en TKD de combate fuerte (estoy lleno de moretones y dolorido mallll), ocio poco sano y por otro lado bastante fiaca al teclado. Es que después del perro y el paseador tuve que hacerme cargo de lo que escribo y forzosamente establecer una redistribución de las energías y los tiempos, en la cual el pobre "sí dos por favor" quedó relegado del top ten de actividades. Pero hoy al almuerzo, - mínimo almuerzo de 20 minutos que para despejar aprovecho y me despego, me meto solo en bistrocito elegante y sumerjo la vista, el intelecto y prácticamente el cuerpo en uno de los cuatro libros que trato de seguir siempre a la vez- me topé con un texto que leí hace tiempo y se me disparó entre ceja y ceja como un dardo. Procedo a transcribir, para volver luego con bríos renovados.

Diez razones para escribir

Roland Barthes
Corriere Della Sera
1969


No siendo escribir una actividad normativa ni científica, no puedo decir por qué ni para qué se escribe. Solamente puedo enumerar las razones por las cuales creo que escribo:
1) por una necesidad de placer que, como es sabido, guarda relación con el encanto erótico;
2) porque la escritura descentra el habla, el individuo, la persona, realiza un trabajo cuyo origen es indescirnible;
3) para poner en práctica un "don", satisfacer una actividad distintiva, producir una diferencia;
4) para ser reconocido, gratificado, amado, discutido, confirmado;
5) para cumplir cometidos ideológicos o contra-ideológicos;
6) para obedecer las órdenes terminantes de una tipología secreta, de una distribución combatiente, de una evaluación permanente ;
7) para satisfacer a amigos e irritar a enemigos;
8) para contribuir a agrietar el sistema simbólico de nuestra sociedad;
9) para producir sentidos nuevos, es decir, fuerzas nuevas, apoderarse de las cosas de una manera nueva, socavar y cambiar la subyugación de los sentidos;
10) finalmente, y tal como resulta de la multiplicidad y la contradicción deliberadas de estas razones, para desbaratar la idea, el ídolo, el fetiche de la Determinación Única, de la Causa (causalidad y "causa noble"), y acreditar así el valor superior de una actividad pluralista, sin causalidad, finalidad ni generalidad, como lo es el texto mismo.
* * *
Me siento absolutamente identificado con todos los ítems, pero más fuertemente con los pares. Y eso que en general ando por la vida simpatizando con los números impares, curiosa contradicción.