viernes, mayo 04, 2007

Retro 2

Sigo en plan revisionista, archivando carpetas y mails viejos. Esto de revisitarse en lo escrito es bastante revelador... por lo pronto, me acabo de revelar a mí mismo como alguien muy insistente a la hora de querer conseguir una respuesta, y hábil parece. Va mail mío a Verónica, ex novia en el 2003, dos años después de haber terminado relación por (ejem) motivos de público conocimiento.


Dos días después nos juntamos a comer, y le regalé flores. Nos emborrachamos un poco, y hablamos mucho mucho. Después no nos vimos por otros dos años.

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Hola Vero,

Uf, segundo mail sin respuesta.
Barajo dos opciones con variables múltiples.

A) Cambiaste de mail y nunca recibiste ni recibirás ninguno de los que te mandé hasta ahora. Esta opción es simple: muere en sí misma y las variables no tienen demasiado sentido. Uno cambia de mail por diversas razones de indole práctica la mayoría de las veces (evitar spam, aburrimiento, cansancio de un servidor), pero lamentablemente sospecho que no es el caso. Tener veronica(apellido)@hotmail.com es tener un traje Chanel hecho a medida.

B) No querés, decidida y deliberadamente tener contacto conmigo. Como verás, descarto el “no tengo tiempo”, el “estoy de vacaciones, luego escribo” y el “ me colgué”, basado en la evidencia de varios meses de silencio tuyo e intentos míos. Intentos respetuosos, por cierto. También descarto la muerte o discapacidad motriz, ya que me hubiera enterado al menos por tu madre. Esta opción me pone triste de por sí, pero acá sí tengo que abrir nuevamente el abanico y desplegar más hipótesis.

B.1) Estás enojada, muy enojada. Hay gente que a veces cuando se enoja no responde mails. Si es así, me encantaría saber por qué. A menos que exista el enojo retroactivo, no creo haberte dado motivo en este último tiempo, especialmente tras esa charla tan agradable y fuerte de borrachera Palermo que tuvimos, y el breve tiempo de acercamiento que procuró luego. En fin, también la descartaría, no me creo tan importante. Un enojo que genera inacción frente a insistencia es un enojo muy grande, y ocupa espacio. Insisto, no me parece sea este el motivo.
Además, hace no demasiado asomaste el hocico por mi oficina en son de paz, y luego no te volví a ver. Eso me intriga también.

B.2) Estás muy bien con Bruno y no querés entorpecer la relación, respetando sus locuras (que reconocés como tales) de celos y prometiste no volver a verme/escribirme/recordarme/hablarme/mencionarme. Si es así, me voy a poner muy triste, pero tengo que respetarlo. Sólo te pido que en ese caso me mandes una postal/mail/mensaje vía terceros de tu decisión así no gasto más tiempo ni energía y tampoco te pongo en el trabajo tedioso de borrar mis mails. Ojo, tampoco me siento tan importante como para creer en esta opción. Pero como las anteriores, es una posibilidad. Doy por sentado que para que esta opción ocurra estarás MUY bien con Bruno, ya que no sos estúpida y no la vas a pasar mal a la vez que cumplir con reglas protocolares ridículas.

B.3) Sos esclava en una secta suicida dirigida por un mesías que profetizó el fin del mundo, y tenés prohibido contactarte con tu pasado, al cual pertenezco. Acá sí, te deseo suerte y que en el más allá te reconozcan los esfuerzos. De todos modos espero enterarme el día del sacrificio, de seguro van a salir en Crónica. (Será?)

B.4) Las tres anteriores juntas, o combinaciones simples de ellas.

B.5) Ninguna de las anteriores. Responder motivo si es así (aunque suene paradójico).

Bueno, suficiente.
Espero haber captado tu atención al menos por un rato con tanta huevada y recibir noticias. Porque somos adultos ya. Y porque a pesar de que pasaron dos años, me sigo acordando de vos de buena manera. Y no quiero seas sólo un recuerdo, te quiero parte del hoy de algún modo... te quiero.
Así que por respeto a lo que fue, y como esperanza de lo que puede venir... rompé la inercia, nena, y escribime, dame un teléfono o llamame vos.

Beso,

PAblo.-
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domingo, marzo 18, 2007

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Se me ocurre que el cinismo refinado -de tanto en tanto- queda a un solo gradiente de distancia de la ingenuidad más pura; como si la última fuese incluso una forma extra-destilada y elaborada del primero: un licor exquisito que se obtendría solamente en los alambiques sociales más complejos, ociosos y entretenidos.

viernes, diciembre 15, 2006

Matías 1

Mi novio no es un tipo simple. Nació en Montevideo en el 72, cuando estaban instaurándose las Medidas Prontas de Seguridad, prolegómeno de la dictadura más cruenta en proporción de toda América Latina. El viejo de él, tupa comprometido, con el quilombo que había lo anotó un día después del que le correspondía en el Registro Civil.

Por eso digo que no es un tipo simple. Es la única persona que conozco que hasta cuando le preguntan una tan fácil como “qué día cumplís los años”, te responde: “depende”.

viernes, septiembre 22, 2006

Puf

¿Por qué?

Pregunto, por qué a algunos les es necesario reírse del otro, encontrar la paja en el ojo ajeno, la aguja en el pajar, la quinta pata al gato? ¿Por qué carajo les es necesario buscar referencia en el otro diferente para querer más o menos la propia vida?

Eso vos. Yo me río, pateo, puteo, y deseo que dejes de encontrar diversión o placer con el fustigamiento absurdo, o dedo en lo que creés llaga. El dedo en la llaga, me causa gracia tu dedo en lo que es llaga sólo para vos.

Vamos por pasos. ¿Qué si el otro tiene la vida más fácil que vos, o al menos ante tu lente?
Decime, qué te hace a vos, qué te hace repensar tu propio bucolismo, tu desgracia de bilis; por qué siempre mirás hacia arriba con desdén, la zorra y las uvas, pedazo de nabo?

Y ya que estás, explicame también por qué ese taxista cree tener derecho a tratar mal porque sí al tilingo de traje tres de la mañana que después de doce horas de laburo se mandó dos copas y quiso caminar por la costanera vacía hasta aeroparque un jueves... ¿Por qué siente dialéctica marxista malaprendida soy de abajo y por ende mejor y te puteo sólo porque estás ahí, volviendo de una disco de treinta mangos el trago... ¿Qué carajo sabrá cuánto laburo le cuesta al tilingo ese trago que paga porcentaje lo mismo que él su ginebra Bols de petaca? ¿O no es lo mismo? ¿O a él se la regalan? Y casi podría asegurar que ese mismo tachero después olvida la dialéctica frente a un piquete, o a una marcha justa pidiendo a gritos mano dura y represión. Eso no es dialéctica, eso es esquizofrenia, chantada, ombliguismo...

Me embalé. Mi viejo vive con dolor puto en el tuétano de todos sus huesos, todos, y se levanta, y labura, y me sonríe, yo le sonrío, y lo ayudo, y la paso como el culo también, y lo admiro más por como lo lleva. Y él, como tantos otros, no se pregunta por qué al resto del mundo no le duele, y también agradece que sea así. Porque el dolor compartido por muchos no es dolor dividido, es dolor multiplicado. Más dolor. Y pensar así no es hacer una alabanza del estoicismo, es entender que ante lo que se es impotente, no hay que detenerse.

Y al el pibe de la calle poxirrán que ya no tiene un carajo de dónde comparar te mira con resignación, porque ya no pelea, porque ya le chupa un huevo y no puede pensar abstracto, y vos le perdonás la cumbia porque viene de donde viene... aunque probablemente no sepas que ese otro flaco que va ahí está en otra completamente distinta a pesar de haber nacido en el mismo barrio, en la casita de al lado, y se le dio y se rompió para arreglarse de otro modo... por qué envidiar y desearle daño? No entiendo. ¿Por qué daño? ¿Te alivia algo?

Man, deseate un buen día, una buena tarde, una buena noche, deseate y hacétela. Inventátela. Mentite, armate, creete... pero por vos, en serio, no jodas. Pedí ayuda! O brindá ayuda, hay mil formas de laburar para los otros, de dar una mano sin gritarlo a los cuatro vientos. Y rezá si te gusta rezar, o salí a la calle a trotar para bajar la panza que te molesta, no socarronees mascullante al que está bien porque hace deporte. O disfrutá tu buzarda. Mejor investigá cómo encontrar oro en tu mina, o pergeñate el modo de hacerle pasar un mejor rato al que tenés a lo Amelie Poulain, o eso... no jodas. O pegate un tiro mejor. Nah, no da. No te lo pegues y doná el matagatos de tu abuelo al ejército de salvación, que esa balita de pólvora abotargada ya no va a disparar, y alguien podría pagar unos cuantos euros de más y alguien más podría salir beneficiado. Y podrías ser vos. Y qué si el beneficiado ahora no sos vos? ¿Te jode?

Ya te va a tocar, man, ya te va a tocar. Hacé las cosas lo mejor que puedas y disfrutá lo que viene. Causa y efecto, acción y reacción. Usá tu cabeza en hacerte bien a vos y al resto, no va destruir pluma afilada, basta de sufrimiento y cinismo, el fondo de un pozo es asidero para saltar y nada más.

Y sabé que haber trabajado desde los trece porque era la que había, a mí no me hace mejor tipo que si pudiera no haber trabajado hasta los veintiocho postgrado en Harvard. Y las cosas son así. Hay de todo en todas partes.

Ser de abajo no te hace mejor. Ser de arriba tampoco. Ser bueno te hace mejor, nabito.

Eso. Hacé las cosas lo mejor que puedas y pasala bien, haceme caso. Siempre alguien te lo va a agradecer, y si no te lo agradecen nunca aprendé a que no te importe. Demostrar tu ingenio cagándote de risa del afortunado que envidiás no te va a llevar a ningún lado. Porque sabés que en el fondo... esté parado donde esté parado, en el podio o varios metros por debajo de él, ese también tiene luces y sombras. Y si la sombra de aquél te parece pocacosa, irrisoria, fútil, banal o insoportablemente leve, bancatelá. Porque sos lo suficientemente inteligente para darte cuenta de que yo, Pablo, a veces la paso bien y a veces la paso como el orto. Y que mis demonios me morfan, y mis angelitos me hacen volar por las nubes. Pero no le debo nada a nadie. Y me tomo en joda lo que considero que debo, y me tomo en serio lo que considero que quiero.

lunes, septiembre 11, 2006

Juerzaaaa




Eso es. Cuando no hay forma de darle al día para que remonte, y se acaba la nafta y cada vez que empujás te metés más y más en el barro y llueve más y no vas para ningún lado... hay que recurrir a la imagen de playa más cercana que uno tenga. Siempre funciona. Playatardecer con porrito, y somos todos chinos.
Y después seguir empujando, qué va'cer.

miércoles, agosto 30, 2006

Verdadoverratedddd

A medida que pasa el tiempo me voy dando cada vez más cuenta en carne propia, de que la Verdad como valor social está sobrevalorada. Y no sólo creo esto sea resultado de la ecuación inefable"el tiempo pasa, nos vamos poniendo cínicos"... No sé, supongo que un concepto tan jodido de definir como ese, en el que miles de escuelas filosóficas no han podido acordar y que otras tantas religiones adoran mirando a puntos diametralmente opuestos, no puede invocarse como cénit absoluto, redención y panacea de las relaciones humanas.

Hay verdades y verdades, y en nombre de la Verdad con mayúscula se sigue haciendo mierda la gente entre sí, salvando sus propios intereses en desmedro de los ajenos... ¿alguien acaso escuchó alguna vez algo que hubiese querido escuchar, después del aviso/muletilla pro-verdad "Mirá, te voy a ser franco"?¿Y nunca fueron traicionados por el depositario de un secreto de los jevis, que en flagrante delito tras la brutuspuñalada les esputa un "che, disculpá, es que me preguntaron y no pude evitar decir la verdad."??? Esto me rompe soberanamente las pelotas.

No es mi intención tampoco generar un nuevo concepto personal de Verdad, me chupa un huevo y la mitad del otro si lo que pienso cuaja en el relativismo, la verdad revelada, la verdad última o la Vera Veritas Veritatis. Esto que estoy tratando de ajustar y encender para que me lleve a algún lado tiene más que ver con el rescate de la ilusión y la fantasía frente al concepto prepotente de Verdad; esa puta Verdad que con aura prístina entra en escena cadera meneante haciendo ruido con los tacos, sonríe cínica y sumerge en el fondo de un balde de alquitrán caliente a los dos conceptos anteriores poniéndolos a un mismo nivel, rebautizándolos como "Mentira" en su simplismo, o convirtiéndolos en un eufemismo tramposo, una mueca agria de lo que podrían ser para otros.

A ver. Es válida para mí la infancia florida de Familia Ingalls que tuve. La pasé bomba, con un núcleo nido de gorrión que solucionaba debacles económicas y enfermedades putas a fuerza del chuchichuchi igual estamos todos juntitos y nos queremos ñañañaña, y nos vamos a querer siempre. Y eso fue válido, aunque mi viejo años más tarde haya estrangulado el corazón de mi vieja a mano limpia enamorándose de su mejor amiga, por ejemplo. Y aunque yo hoy revisite la historia y descubra otras cosas que no eran tan como yo las veía... que finalmente no hayan resultado Verdad, no implica que no hayan sido muy válidas para mi pasado, y muy útiles para mi presente.

Mis quilombos internos frente a las primeras experiencias con tipos me las banqué estoico, asegurándome transpirado en voz baja cachetes rojos frente al espejo del baño del Cine Boxx que era solamente una fase pasajera, de autobúsqueda y que yo seguía siendo tan hetero como siempre; que me iba a casar con mi novia y mudarme a Barcelona, y poblar el mundo de pequeños ingerchitos tan machotes como yo. Así fue que llegué a forjar una autoestima de mil doscientos garches que sirvió de pimpollo para el flor de puto feliz que terminé resultando.

Fue alucinante mi primer noviazgo con un flaco, y mi seguridad de que él se iba de vacaciones a Ibiza sólo para descansar y tomar aire; hecho que encerraba tanta verdad en sí como creer en que Papanuel aparecía a dejar los regalos solamente cuando no lo veía nadie. Y hoy por hoy me encanta saber que, a decir de Mato, soy el mejor garchador de todos siempre y mi pito está más bueno que el de Billy Brandt y el de Dano Sulik juntos. Y no acepto otra verdad que esa, aunque claro está que no es el primero que me lo dice, ehrm.

Y no digo que no haya sospechado hace un par de meses cuando le diagnosticaron linfoma a Manuel -un conocido de 19 años que quería que lo dejaran salir del hospital para volver a jugar a la pelota- que el tema podía terminar mal... pero estuvo buenísimo que hasta que palmó el pibe siempre existió para mí la posibilidad de la curación posta. Y quizás no era Verdad, pero me permitía vivir mejor, y ser más apoyo real para él y su vieja.

El engaño por amor, el autoengaño por narcisismo, y la negación de la realidad por firme determinación generan escenarios paralelos e imprescindibles para la construcción de fortalezas.
Hay que hacer un esfuerzo, eso sí, por mantener cierto equilibrio y lograr que la película de cada uno tenga algunos puntos de anclaje en la Verdad Común de la que tanto se habla... pero siempre sabiendo que si uno se ata demasiado a ella probablemente termine convirtiéndose en un tipo muy triste e infeliz, o en un Actuario. Si en cambio se pierde el contacto por completo, quizás devenga en esquizo, autista, director de cine independiente, Leevon Kennedy o Marta Minujín.

El término medio es la única que me cierra, que me permite levantar buena altura con saltos de pulga, pero pisando fuerte el piso de tanto en tanto.

miércoles, agosto 02, 2006

Odio el Carnaval Carioca

Caí en cuenta de que tengo la manía de escribir solamente cuando las cosas me van relativamente bien, o cuando me creo que las cosas me van relativamente bien. Le escapo a la melancolía como un pedófilo a la cana, como si las crisis fueran momentos íntimos míos y no hubiera que mostrárselos a nadie.

La posta es que me deprimo como cualquier chabón, aunque siento que lo hago a otro ritmo: mis heridas habituales son profundas y sangran a borbotones... pero cicatrizan muy rápido. Me banco tan poco estar del lado malherido que cazo una aguja y una piola, me autozurzo y ya, a otra cosa. Y sonrío, y me lo creo. O me olvido y dejo de lado el problema al que no le encuentro solución.

Otros arrastran cortadas menos profundas, más diluidas, que deben doler menos pero tardan más tiempo en cerrar. Heridas cuidadas primorosamente y acariciadas de a poco que van dejando un rastro de sangre en la nieve; pero yo no puedo, juro que no me sale.

Causas: la mayoría de las veces mis bajones vienen por el mismo lado, lo que yo llamo el Síndrome del Carnaval Carioca. Esto nació con uno en particular, un Carnaval Carioca que me perdí a los cuatro años en el casamiento de una amiga de mi vieja. Es que yo quería quedarme despierto, porque sabía que después de toda la paparruchada ridícula esa de las mamás mostrando las piernas y poniéndose las medias de otra... venía esa parte, con esa imagen que era lo más. Me quería quedar despierto para cuando todos cantaran pepépepépepé la canción de Brasil Brasil y tiraran confeti y serpentinas y se pusieran antifaces y maracas y los tíos borrachos me hicieran upa y los chicos -dejados de lado durante casi todo el acontecimiento- volviéramos a integrar la fiesta como verdaderos participantes. La cagada es que eso pasaba un poco después de lo que podía esperar mi cuerpecito flequilludo, mi aguante de hoy no valía en el 83. Cabeceos varios y me quedé dormido, en dos sillas acomodadas a modo de cama (acamadadas?) pero con la promesa solemne de mi viejo de que iba despertarme para cuando llegara el desborde de alegría que venía esperando toda la noche.

...

Me desperté a upa, Stevie Wonder de fondo y fundido de negro a fuera de foco babeando un hombro materno. En cuadro, un salón vacío, tres parejas saludándose y un señor barriendo los restos del momento que había pasado irremediablemente y me había perdido para siempre jamás. Y sentí el aliento a alcohol rancio de la novia pelo batido en patas saludando a mi vieja "qué lindo, pobrecito, cómo se quedó dormidito". Y escuché a mi viejo "no hubo caso, no pudimos despertarlo aunque lo intentamos varias veces". Y no pude decir nada. Y me puse a llorar. Heavy. Y me gasté la garganta desconsolado, a los gritos, exagerado como hacía mucho que no lloraba. Y no hubo modo de callarme por un rato bien largo, de llanto ininterrumpido; no hubo modo ni en el auto, ni con el souvenir de mierda, ni en casa... hasta que supongo me ganó de vuelta el cansancio y me quedé dormido hipando la bronca más legítima para con el mundo, para conmigo y para con nadie. PAh, ese es un recuerdo horrible que me acompaña nítido hasta veintitrés años más tarde.

Y la mayor parte de mis bajones me recuerda un poco a eso.
Es esa sensación horrible de saberme eterno inconformista que no puede vivir ochocientas vidas de una vez. Esa resignación realista a que todo pase sólo por una, cuando hay tanto por intentar experimentar... y un solo cuerpo, y unos pocos años chotos de juventud tersa y firme. Tomo conciencia de que estoy acá, en la productora, siendo solamente yo y haciendo una sola cosa todos los días... perdiéndome de otros diez millones de Carnavales Cariocas a los que no voy a poder ir y no sabría cómo.

Y ahí, justamente ahí, es donde me doy cuenta de lo absurdo que es quedarse llorando y aturdir al resto cuando uno se siente mal. Lo único que hace falta es cerrar la boca, cerrar los ojos y dejar dormir. Ver cómo se soluciona la cosa. Arreglar un par de planes para mañana, y despertarse pensando en otra cosa. O irse de Carnaval Carioca, ja.

lunes, julio 24, 2006

Retro

Retomando el concepto de Blog Didion que Repa comentaba no hace demasiado, y en pleno proceso de recopilación y acomode de todo lo mío que ande suelto (deudas, ropa, amigos perdidos, promesas incumplidas) me encontré con uno de esos documentos de word de versiones viejas que apaciguaban mis incipientes ganas de escribir para desahogo. Esto es de cuatro años y medio atrás, épocas de internet dial-up, no blog, cambios laborales, y los primeros indicios de recuperación tras el primer gran desengaño amoroso que me dejó inútil algunos meses. Me llamó la atención por eso, porque nombro a mucha gente y ya no lo nombro a él. Eso es lo que pasa cuando se acelera la cicatriz: uno queda un poco desorientado y sin saber del todo bien adónde apuntar... aunque ahora que releo, de la prosa (bastante chota) chorreaban todavía unas cuantas gotas de sangre, o ácido clorhídrico, no sé muy bien lo qué.

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2003

De hace un tiempo a esta parte, en los ratos libres que me dejaba el trabajo, me atacaba una suerte de vacío tan denso que era literalmente tangible. No sabía qué hacer con él. El sexo lo llenaba de a ratos, al igual que el cine, drogas varias, salidas nocturnas, ropa. Pero el vacio guacho puto reaparecía apenas finalizada la distracción, firme y constante. A todas partes conmigo. Así que ahora decidí hacerme amigo de mi vacío y se convirtió en el paroxismo de la amistad: me acompaña igual que antes, lo acaricio, lo masturbo y él me devuelve lo mejor de sí mismo. Más vacío!

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2003

Hay un tipo que vive en Madrid y se llama P. y me gusta mucho porque vive lejos y es cool y garchamos rebien y le muerdo la oreja y se me pone la piel de pollo. Pero vive lejos. Pero es cool. Pero etc.

Mi amiga E. tiene un vacío también, pero aunque no me lo diga, me doy cuenta que le copa el mío, porque es más gordito y viajado que el de ella. E. es rubia, vive en Palermo y hace bodypump. A veces se llama Jéssica.

A. es bálsamo y está al margen de todo, ella se depila las axilas y el cavado y me usa el baño cuando no sabe que yo estoy apurado porque en realidad me quiero ir a la casa de F. para ir a Pachá para ir a festejar el cumpleaños de mi amigo J. con el que festejamos algo todo el tiempo aunque no haya nada que festejar. J. cumplió treinta años y tiene el vacío un poco más gastado, no tiene trabajo pero vive en Palermo. Qué suerte tener amigos como los que tengo!

L. a veces es el hetero más lindo de todos y lo tiene muy en claro. Yo lo envidio un poco, pero es bueno y más que nada me produce calentura: aunque tenga una nutria en la panza sus abdominales son los mejores. Creo que L. no tiene vacío, es un poco raro.

F. es mi Padrino Puto, yo lo admiro y lo quiero mucho. Él me enseña muchas cosas y siempre lo observo porque lo que hace F. está bien. F. ahora tiene un novio con un castillo en Cataluña, y estuvo en el Festival de Cannes y es feliz siempre siempre siempre. También vive en Palermo Palermo Palermo.

Me voy a dormir. Vamos, vacío.

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martes, julio 04, 2006

Teoría de Charlie

Charlie, un amigo que voy aprendiendo a querer a la distancia me decía que

Yo separo la vida en momentos de disfrute y momentos de construcción, y hay etapas cíclicas necesarias entre uno y otro que hacen que todo sea más divertido. Estoy estudiando el período del ciclo y hoy creo que lo mejor es un ciclo de un año y medio, pero sigue en estudio, digamos que solo tengo confirmada la desestimación de la hipótesis de una vida joven de construcción para una jubilación de disfrute.

Ese puntapié inicial me disparó una serie de pensamientos que derivaron en desacomodar esa especie de paz interna que hacía que la fiaca le ganara al blogger... y me llamé, como hago de vez en cuando, a mini reflexión. No saqué mucho en claro, pero se cayeron un par de cosas por au propio peso. Evidentemente mi blog reflejó algún tipo de ciclo, un ciclo de gestación humana por duración. Arranqué escribiendo nueve meses al hilo con cierta regularidad, y de golpe pluf! parí espontáneamente un parate de dos meses, una pequeña licencia por maternidad de vacío. Casualidad? Veremos de acá a marzo 2007.

El separar la vida en ciclos como si todo pudiera graficarse en ejes cartesianos y ondas sinusoides que van y vienen tiene un beneficio activo por sobre otros modelos geométricos de pensarse: todo va y vuelve, pico pozo pico pozo y si ahora no me siento del todo bien, pero remo con ganas, estoy seguro de que voy a llegar al otro lado. Ahora, el cénit de felicidad en ese vaivén de sensaciones puede llegar en uno u otro momento, ya que cuando uno se hamaca no siempre llega igual de alto. Eso depende de cuán fuerte se empuje cada vez que se pasa por el medio. Y ahí llegamos al punto más interesante en la Teoría de Charlie, el llamado a Reflexión Automática: DE QUÉ LADO ESTÁS CHABÓNNNNN?

Mi primera reacción fue pensar que estoy estirando demasiado el lado del disfrute... Veamos: me acabo de mudar -solo, sin flatmate por primera vez- a la casa que buscaba desde hace años, empecé a practicar y estudiar una disciplina que me va interesando en el plano espiritual, confirmé espaldarazo laboral al que le doy masa los días de semana para poder reventarme de un modo muuuuy terrenal los fines, aumenté mi cuota de laburo social no remunerado, sigo entrenando duro en vistas al segundo dan, reafirmé Matías (este mes 3 años y la concha del mono)... Y ahí me di cuenta de que en realidad el disfrute en este caso lo voy mechando en el mismo período de construcción, casi en el mismo acto... y se me caen los ciclos al piso. Y me cago un poco en eso, porque me hubiera encantado adherir sin peros al enunciado, pero otra vez más, ante cualquier intento de asir un poco la cosa por el mango se me va de las manos y termino generando una nueva interrogante para cada conclusión. Así que acá ando, escribiendo boludeces desde la deconstrucción, here I go again. Al menos el ejercicio fue desanquilosante y metí un post. Gracias Charlie!

miércoles, mayo 10, 2006

Racconto B.

Partamos de la base de que toda relación como hecho en sí, único y abarcable, es una mentira absoluta (Siempre viene bien romper con algún mito antes de contar una idea). Existe, como en el triángulo peirciano, una cadena semiológica que genera infinitud de puntos de vista tanto o más certeros y reales que el rótulo que suele ponerse; cosas que están en lugar de otras para ser interpretadas una y otra y otra vez.

Por ejemplo, a mis veinte recién cumplidos yo estaba seguro de estar por primera vez enamorado de alguien de mi mismo sexo, B., y también estaba igual de seguro de que B., aunque se hiciese el duro, en realidad tenía algo especial para conmigo. En mi conjunto de percepciones atormentadas por exceso de testosterona mal aprovechada, yo no era solamente para él el pibe straight del grupo de putos y tortas amigos que se había agarrado en el novedoso túnel del megaboliche AMK por diversión alguna vez aislada. No, B. no sólo no estaba enamorado de su novio (igual de lindo, igual de inalcanzable que él) sino que además estaba esperando inconcientemente que un chico decidido por fin a salir del placard que lo había mantenido en las catacumbas del mundo gay por un año o un poco más, viniera a llenar su vacío de rasgos perfectos, piel bronceada, y cierta bohemia de chico Levi’s.

Y esa era una relación para mí, toda una relación. Y me sentaba tarde tras noche en el bar de Palermo en el que él trabajaba de mozo, a la salida del rodaje, con mi notebook del laburo y mis Notas de Producción tan importantes (cargar las baterías de los handies, comprar dos conos de tránsito para reponer los robados, cuidar que el catering arme a la hora correcta y que no falte Coca Light) solamente para esperar que su amor por mí decantara. Qué extraña esa seguridad del enamorado que considera que la insistencia es una buena estrategia. Hasta que B. uno de esos días se despertó piadosamente tajante, y me explicó de un modo no muy cuidadoso que era preferible que me dejara de romper las pelotas, que él tenía un novio y que yo lo conocía, que mejor me buscara otro bar o las cosas se iban a poner menos amables. Y que no, que en copas sueltas no había otro vino que el Trapiche Malbec. Me acuerdo de esa sensación perfectamente: sentado en la mesa lo miraba a él y me parecía enorme, y yo por contraposición no pude menos que sentirme chiquito, muy chiquito y pocacosa. Un bajón.

Ahí justo vino lo demás, todo junto y en dos cauces. Por un lado, el sorpresivo estrellato de B., su primer protagónico con cara de afiche por la puta ciudad entera, su estoy en todas partes pero no me ves en ninguna (sólo en la pantalla grande), su viaje al festival de LA, su me quedo allá y sigo viajando. Y por el otro, mi decisión de dejar mi noviazgo heterosexual de cuatro años con promesa de casamiento en Barcelona, enterarme que mi viejo se iba de casa de golpe, de la nada tras veintilargos años de feliz? vida de casado, otra película a continuación de la que había terminado, el comienzo de mi vida gay abierta y sexo del bueno por todas partes... y la figura de B. que nunca llegó a diluirse, que solamente se esfumó, desapareció. Pero no fue sepultada por la avalancha de eventos que se me caían encima en efecto dominó. No, subió y se escapó por arriba, ahí por la hendija del techo. Y repensándolo mejor no fue todo efecto dominó. Unas cuantas fichas cayeron juntas por casualidad, o quizás me las merecía, no sé bien lo qué.

Entonces, volviendo a mi pequeña hipótesis, eso fue una relación y no lo fue. Lo fue para mis veinte de aparato afiebrado, no lo fue para los veintitres cool de B., y tampoco lo fue para mis (hoy creo, claro, veremos qué pasa de acá a cinco) un poco más sensatos veintisiete. Pero sin embargo he aquí el meollo de la cosa en serio: cuando una imagen es tan fuerte a nivel cojonal y se corta de golpe... esa sensación queda archivada y no evoluciona. Se queda ahí, no se resuelve, archivada y lacrada, aunque lista para salir cuando se la llame.

Y por un momento cuando alguien me dijo “viste quién cayó de Londres por unos días” en la Brandon del viernes pasado (Sí, la música reflotó, Carla Tintoré sigue estando muy atinada) e inmediatamente reconocí la estampa yeimsdinesca de B. de espaldas contraluz, apoyado en la barra… me acerqué trago en mano y lo saludé ya sin amor afiebrado, para nada. Pero lo saludé desde los cinco centímetros y medio que medía esa tarde del orto en el Bar Spirit casi siete años atrás, tal como lo había dejado. Sin el sentimiento, pero con la sensación.

Después nos abrazamos, hablamos dos boludeces de borracho, le presenté a Matías y bailamos un rato bien largo en nuestro grupo grande y heterogéneo, como cuando nos conocimos en el Brandon que empezaba en Córdoba y Gascón los miércoles a la noche. Se fueron equilibrando y actualizando las cosas con el trajín de la velada. Ya para el final del último set con la pista semivacía, cuando me fui con Mati a su casa y lo fui a saludar a B. de nuevo (Che, qué bueno verte man, lo mismo digo), estoy casi seguro de que medíamos lo mismo, o a lo sumo me llevaría los diez centímetros que siempre me llevó. Es que el hijo de puta sigue estando igual de lindo, pero qué hijo de puta.

martes, mayo 02, 2006

Don Quijote y Yo


Mi viejo, Eduardo, es el tipo de persona que hace planteos tales como: “Si tomamos por cierto el enunciado que dice que cuando una tostada se te cae al suelo siempre lo hace con la manteca para abajo, y también el que dice que los gatos siempre caen parados… habría que experimentar entonces qué ocurre si uno unta el lomo de un gato con manteca.” Es decir, un tipo de persona muy particular. Habla cuatro idiomas y nunca viajó más lejos que a Brasil. Estudió toda su vida y lo sigue haciendo, es Profesor universitario de Historia, casi abogado (le faltaban dos materias y se arrepintió), es Licenciado en Relaciones Públicas, poeta con dos libros escritos y sin embargo trabaja de visitador médico. “Es un trabajo que te permite estar en la calle todo el tiempo” su explicación. Y no me extrañaría que si se quedara sin laburo, se hiciera tachero. La libertad para él es un bien que atesora como ningún otro, especialmente porque nunca logró atesorar ningún otro bien más que ese, afectos y sapiencia. De guita ni hablar. No sirve para eso. Está de novio con mi Tía Silvia, la ex-mejor amiga de mi vieja, y tiene encima dos cardiocirugías, un cáncer eliminado y veintitrés intervenciones en articulaciones varias por culpa de un mal congénito de esos que le tocan a un boludo en dos millones, y lo ligó él. Je, es un tipo muy especial, no cabe duda. Le tocó tener Laxitud Congénita de Ligamentos. Una puta enfermedad que ahora lo tiene como a un adicto yendo a infiltrarse la médula cada mes para paliar el dolor, pero fue la misma que le permitió de pendejo ser dueño de una elasticidad envidiable y que él aprovechó para entrarle a cualquier deporte: Hizo esgrima, tai-chi-chuan, gimnasia deportiva, gimnasia artística, gimnasia en grandes aparatos, fútbol, vóley y hándbol. El año pasado quiso anotarse en un curso de piloto de ultralivianos y lo bocharon en el psicofísico, aunque prefiero no saber si la mitad que no aprobó fue la primera o la segunda. A cambio se puso a estudiar chino mandarín.

Como puede verse, esto no es una elegía ni mucho menos, aclaro un poco al pedo. Este tipo del que hablo tan bien por momentos es al mismo al que yo un día con nueve años de mocoso esperé con sangre fría que llegara a casa, le serví un café y pedí que se sentara, lo agarré de los brazos mirándolo a los ojos y le esputé: “sos un fracasado”, porque todos mis compañeritos del colegio en el que estaba becado se iban a Disney y yo pasaba las vacaciones en el campo en Castelli. Creo que ahí empezó a ir al psiquiatra nomás, y es el día de hoy que sigue yendo, depresivo crónico con altibajos. La frutilla de la torta que es su historia clínica: tiene una epilepsia latente, que se mantiene a tiro controlada con pastillas. Con los antiepilépticos llega a redondear los dieciséis comprimidos por día, entre inhibidores del dolor, anticefaleicos, antidepresivos, anticoagulantes, reguladores del colesterol y alguna pastillita azul que debe haber de seguro, ya que el sexo siempre fue algo importante para él. La mejor parte, es que así hecho una momia y todo no se queja nunca, no es de los hipocondríacos que creen tener todas las enfermedades: las tiene todas todas deadeveras posta. Yo salí sanito creo. Lo que sí compartimos es el tatuaje, vaya uno a saber por qué mecanismo extraño, habiendo tantas opciones de diseño para escribirme en el cuerpo tuve que elegir su “ETC.” en el mismo omóplato. Tenemos el mismo fucking tatuaje que me encanta y a la vez me hace sentir un aparato. Existirá en inglés la expresión "Tatoo after someone?" Claro que el mío es en un perfecto Times New Roman, mientras que el de él, un trazo de aguja casero con tinta china, a mano temblorosa y sin molde.

Ingercher Padre utiliza para su vida cotidiana un vocabulario bastante florido, todavía hoy aprendo palabras nuevas cuando converso con él. Por ejemplo, en casa utilizamos siempre “mondadientes”, el “vale” era moneda común, y nunca había gritos ni peleas, a lo sumo "exabruptos eventuales" y "altercados domésticos ad-hoc". El embrollo que surgía y sigue surgiendo es su no capacidad de discernimiento de idiolectos frente a quién está hablando, y aunque algunos no se calzan el sayo que quizás les correspondería, otros se ofenden y lo tildan de soberbio, aunque son los menos. Es que es un tipo que usualmente cae bien, y de última pasa por un poco hinchapelotas. Y lo es, eh. Tan hinchapelotas como para lograr que yo aprendiera a leer cumpliendo los tres años, pero a la vez tan considerado como para negarse otros tres años más tarde a que me castearan para un colegio para chicos “especiales” y se lo agradezco infinitamente. Nivelación para abajo quizás, pero nivelación al fin.

Hace unos años fui a visitarlo a su casa (No soy la clase de hijo que visita a sus padres muy a menudo, voy mucho menos de lo que se considera correcto en término promedio) para ponerlo al tanto de las novedades en cuanto a mi vida sexual, que no se veía venir para nada. Fui Informe Kinsey en mano, con dos revistas especializadas en el tema y un estudio sociológico de dudosa procedencia pero suficientemente serio como para calmar con datos la ansiedad que sabía iba a generarle. O datos o una úlcera, es así en su caso: la información le alivia el alma y se la distrae por un rato. Su primera respuesta fue clara y tajante: "Hijo, no es lo que hubiera elegido para vos, pero dadas como están las cosas, me parece que ninguno de los dos puede elegir demasiado al respecto. Quiero que seas feliz y voy a respetar tu orientación, pero te pido tengas la delicadeza cuando estés... digamos con alguien, de presentármelo como un Amigo si nos cruzamos." Uf, no había estado tan mal después de todo, y ese no era momento para echarle más leña a su estómago... pero a la semana siguiente cuando fui a devolverle el auto, tomé el recaudo de ir muy acompañado, éramos seis flacos en el Corsa. Al momento en que se acercó a la ventanilla, lo presenté, muy delicado yo: Este es Eduardo, mi viejo. Pa, te presento: un Amigo, un Amigo, un Amigo, un Amigo, y un Amigo."
No hace falta aclarar que ahora es él quien me pregunta por cómo anda mi novio, o lo llama directamente si necesita algo.


Esta presentación no viene a cuento de nada. Mi viejo no se murió ni está por, o igual que siempre, nunca se sabe. Ocurre que la semana pasada cumplió sesenta y un años y nos juntamos con él y mis hermanos a festejar en el casino y estuvo muy bien, salimos hechos. El black jack y el poker se ocuparon de recuperar lo que la rula nos hizo perder, y para cuando llegué a casa y me largué a escribir al respecto, el personaje le fue ganando por varios cuerpos a la anécdota en sí. Y eso que la anécdota estuvo bien, eh! Hasta volvimos medio borrachos cantando los cuatro en el auto, cliché absoluto, incluso teniendo absoluta conciencia de que lo era. Es que yo creo que los clichés nacen como tales después de haber sido carne en muchos cuerpos distintos, y son eso, nada más que momentos agradables que a fuerza de reencarnaciones se vuelven remanidos y toman un cariz despectivo observados en tercera persona… pero vivir un cliché desde adentro es lo más.

Adjunto abajo trascripción de uno de sus poemas, de esos que me regalaba para mis cumpleaños pre-adolescencia. Después me pregunto por qué a veces soy enroscado.


Don Quijote y Yo

Se me hace a cada instante más difícil
desdoblarme infinitamente
en tantas caras como sea necesario
para mantener diariamente el precario
equilibrio de tantas mentes en un solo cuerpo.
Se me hace a cada instante más difícil
ignorar lo ignorable y lo superfluo
y analizar razonable y tristemente
que los molinos de viento ya están muertos.
Para cada Quijote,
para cada Rocinante,
hay una realidad de Sancho como un ancla
que da sin piedad en tierra con su cuerpo
devolviendo a la realidad alucinante
de lo que ha sido un soñador, tan sólo un peso muerto.
Se me hace a cada instante más difícil desdoblarme.
Estoy cansado.
Queda del Quijote la armadura solamente,
rota la lanza, perdido el escudo
lo ha derrotado Dulcinea del Toboso.
Ella ha vuelto a ser aldeana, y él... demente.

E.I.

jueves, abril 20, 2006

Alcoholes I

Vodka
Al margen de su origen outsider, de altamar y soviets, todavía es la bebida estrella desde hace unos años. No tan perfumado como el gin, no tan dulce como el ron, el vodka combina una graduación alcohólica importante con un sabor aterciopelado a la garganta, que encaja inmediatamente con jugos de fruta, energizantes, otros alcoholes e incluso vegetales y picantes.
El mejor beneficio de beber vodka con respecto a otras bebidas es que no deja ese tufillo a alcohol que delata al bebedor en eventos sociales. el Vodka fue luego bautizado por tal motivo como “la bebida de los galanes”, aunque claro está, no evade las pruebas de alcoholemia. Un último descubrimiento le atribuye también eliminar por completo el aliento a ajo. Yo la verdad, no lo sé. Nunca como ajo si voy a salir luego.

Maridaje
Se le llama maridaje al arte de la combinación del vino con la comida, y si bien se han escrito tratados y libros enteros a tal respecto, hay tantas opiniones como sommeliers en el mundo. O mejor dicho, como paladares. De todos modos, yo comparto la opinión de una gran mayoría que acuerda en que los vinos blancos con sus características de palidez que dan sensación de liviandad, su aroma suave cercano a la uva, las frutas frescas y las flores, la alta acidez que causa sensación de frescura en el paladar, armonizan mejor con las carnes y las salsas blancas, los frutos de mar, algunos picantes, quesos de hongo azul, y otros fuertes pero de pasta blanda. Suena obvio por ahí, pero no tiene ningún sentido servir un vinito ligero, de carácter floral como el Pinot Gris (a Charlotte le encanta), con un ragôut de cordero, súper especiado, de salsa oscura. No va.

En cambio, los tintorros, con una constitución muchísimo más compleja de sabores, están más predispuestos a ser los acompañantes de platos más pesadotes y más fuertes. Por su color oscuro, que adquieren por mayor tiempo de maceración, quedan presentados mucho mejor con las carnes rojas y las salsas oscuras, o de fondos de cocción. Es que el tanino que viene en las materias sólidas de las uvas reacciona con las proteínas de las carnes y sus jugos, con la saliva de la masticación y con los quesos duros. Y esa reacción química está buenísima. Se arma de golpe una materia nitrogenada que procesa al tanino y le resta acentuación, se pasa del sabor fuerte en la parte posterior de la lengua a algo mucho más calmo que suaviza, un asentado increíble de lo anterior, herida y bálsamo en un mismo sorbo. Puf.
Los tintos ligeros o muy viejos van mejor con las carnes suaves, como vaca y aves, mientras que los más tánicos, andan mejor con las más fuertes como el cordero, o las carnes de caza, aunque uno no suela comerlas muy a menudo. Con una parrillada, por ejemplo, recomiendo a full los segundos.


Si bien, repito, sobre gustos hay ya demasiado escrito y cada uno debe hacer lo que se le cante, adhiero cien por cien al siguiente “nonálogo del vino en la comida formal”:

1- No beber blancos dulces con mariscos o carnes de caza (jabalí, ciervo, codorniz, etc)
2- No beber grandes vinos tintos con moluscos o pescados. Se overlapean mal.
3- Los blancos secos deben ser bebidos antes que los tintos, en una cena de diferentes pasos.
4- Los ligeros, antes que los de más cuerpo. O te quedás sin paladar.
5- Los vinos fríos, antes que los que se encuentren a temperatura ambiente.
6- Los vinos deben servirse con una graduación alcohólica ascendente.
7- Siempre, entre vino y vino, mechar un sorbito de agua.
8- Un gran vino no debe figurar solo en la comida.
9- En caso de que sí haya un solo vino, debe cuidarse que no contraste con ninguno de los platos.

Ocho Gramos
Un organismo humano promedio es capaz de procesar, empaquetar y eliminar ocho gramos de alcohol etílico por hora, lo cual equivale exactamente a una medida de casi todas las bebidas que se sirven en la actualidad. Por ejemplo, media pinta o un chopp de una cerveza pils, una copa Paris de vino tinto o una medida de whisky tienen esa cantidad de alcohol en su contenido. Ocho gramos.

Resaca
Goethe escribió en Diván de Oriente y Occidente sobre los efectos de la resaca, a la cual define como una desarmonía psíquico-física. Una enfermedad producida por un exceso de alcohol en el cuerpo, que deviene en envenenamiento del alma. Otro día me prendo y recopilo un par de remedios caseros de lo más efectivos.

viernes, marzo 31, 2006

De Vuelta.

Seh, otra vez me colgué, atropellado un poco por unas semanas de laburo tupido y muy social, mechadas con entrenamiento en TKD de combate fuerte (estoy lleno de moretones y dolorido mallll), ocio poco sano y por otro lado bastante fiaca al teclado. Es que después del perro y el paseador tuve que hacerme cargo de lo que escribo y forzosamente establecer una redistribución de las energías y los tiempos, en la cual el pobre "sí dos por favor" quedó relegado del top ten de actividades. Pero hoy al almuerzo, - mínimo almuerzo de 20 minutos que para despejar aprovecho y me despego, me meto solo en bistrocito elegante y sumerjo la vista, el intelecto y prácticamente el cuerpo en uno de los cuatro libros que trato de seguir siempre a la vez- me topé con un texto que leí hace tiempo y se me disparó entre ceja y ceja como un dardo. Procedo a transcribir, para volver luego con bríos renovados.

Diez razones para escribir

Roland Barthes
Corriere Della Sera
1969


No siendo escribir una actividad normativa ni científica, no puedo decir por qué ni para qué se escribe. Solamente puedo enumerar las razones por las cuales creo que escribo:
1) por una necesidad de placer que, como es sabido, guarda relación con el encanto erótico;
2) porque la escritura descentra el habla, el individuo, la persona, realiza un trabajo cuyo origen es indescirnible;
3) para poner en práctica un "don", satisfacer una actividad distintiva, producir una diferencia;
4) para ser reconocido, gratificado, amado, discutido, confirmado;
5) para cumplir cometidos ideológicos o contra-ideológicos;
6) para obedecer las órdenes terminantes de una tipología secreta, de una distribución combatiente, de una evaluación permanente ;
7) para satisfacer a amigos e irritar a enemigos;
8) para contribuir a agrietar el sistema simbólico de nuestra sociedad;
9) para producir sentidos nuevos, es decir, fuerzas nuevas, apoderarse de las cosas de una manera nueva, socavar y cambiar la subyugación de los sentidos;
10) finalmente, y tal como resulta de la multiplicidad y la contradicción deliberadas de estas razones, para desbaratar la idea, el ídolo, el fetiche de la Determinación Única, de la Causa (causalidad y "causa noble"), y acreditar así el valor superior de una actividad pluralista, sin causalidad, finalidad ni generalidad, como lo es el texto mismo.
* * *
Me siento absolutamente identificado con todos los ítems, pero más fuertemente con los pares. Y eso que en general ando por la vida simpatizando con los números impares, curiosa contradicción.

lunes, marzo 06, 2006

Está muy bien tratar de vivir de acuerdo con uno mismo.

Está muy bien. Pero no es ni tan fácil ni tan automático.

La gente está unida a sus ideales o principios morales propios como quien pasea un perro dócil. Ahí uno ve que van juntos y con cierta armonía, pero nunca sabe a ciencia cierta quien marca el camino, si el perro o el paseador.

Ante la crisis de autoridad fruto de la post modernidad tardía (La iglesia apesta, el gobierno es chorro, la policía mata, nadie me representa, nadie piensa como yo, no soy nada pero soy único aunque igual a todos. Y no sé qué carajo significa) fuimos muchos los que compramos el perro, adhiriendo de hecho a aquellos pensadores que encontraron validez en éticas y morales individuales, esas que conviven ufanamente sólo por el hecho de respetar la máxima capitalista de “mis derechos terminan donde comienzan los de los demás”. Y a primera vista parece algo bastante lógico y armonioso, una ciudad soleada donde cada uno pasea feliz con su bicho/ cúmulo de valores, luciendo el coso más o menos y diciendo o no lo que piensa del resto y cuán bien convive consigo y el entorno. Algunos les suman solidaridad, y el perro luce más lindo.

Adherir a uno mismo y pasear el perro, seguir una línea… requiere fuerza de voluntad, acción y conciencia de uno. Es decir, hay que darle de morfar, ir al veterinario de cuando en cuando, y sentarse a mirarlo un poco y ajustar rumbos; darse cuenta definitivamente que hacer lo que uno quiere hacer no siempre es lo que le sale, y que para poder seguir paseando en paz hay que cambiar el camino, o pegarle un sopapo en la cabeza al perro para acomodarle los conceptos un poco y que se adapte a la nueva decisión. Hasta el empirista ingenuo más escéptico que se aferre al “salgo sin perro, no me importa nada y hago lo que se me cantan los huevos” va a tener que agarrarse muy muy fuerte, porque esa es una de las afirmaciones más jodidas de cumplir, como todos los bebedores de cerveza Iguana deben saber muy bien. De chico me pegó mucho Michael Ende: el Aurin de BBB en La Historia sin Fin tenía una inscripción detrás que decía “haz lo que quieras”, marcada a fuego como obligación y no como bendición.

Ahí ando yo en estas semanas, un poco a los tirones de correa, haciéndome cargo de las cagadas (mi perro, mi caca) acomodando el rumbo, y pateándolo para que él cambie también y se apropincue para el lado que estoy yendo. Un poco y un poco.

martes, febrero 21, 2006

Si hubieran filmado

...Brokeback hace 25 años, Ennis del Mar hubiera sido, sin lugar a dudas, Dennis Quaid.
Tiene esa cosa de machote sureño y de pocas palabras.
Para el otro papel, ni idea.

viernes, febrero 10, 2006

Bareback Mountain

Y yo también como todo buen puto que se precie fui a ver Brokeback Mountain, al Village Recoleta en la última función de ayer. Fuimos con Mati y Pato, nos sobró una entrada de un amigo que se perdió (¿?) en el auto camino al cine. Había mucha gente, un altísimo homoporcentaje en sala, y un pelotudo a nuestra izquierda que comía pochoclos revolviendo la bolsita cada vez que podía. Lo callé de un modo poco amable pero efectivo que no vale la pena mencionar. No me gusta no ser amable, pero me da en los cojones que me jodan en el cine.

Puf. A mí sí la película me gustó mucho. En lo formal y en lo demás. El tipo este Lee cuenta las cosas como me gusta que me las cuenten a mí, o como a mí me gustaría contarlas. Resuelve puntos importantes en acciones mínimas que a otro tipo le hubieran llevado varias escenas. A ver, por dar un ejemplo burdo: la presentación del suegro de Jack se resume en unas llaves volando y ya, no hay ni más miraditas, ni un comentario adicional y el personaje nos queda absolutamente claro.
El ritmo es un placer también; fluye tranquila incluso cuando hay elipsis constantes sin necesidad de aclaraciones... y de golpe paf! te cambia la escala de tiempo y deja el hilo del relato para entrar en intrascendencias minuciosas que de intrascendentes al final no tienen nada. Y el modo, ese contrapunto entre lo formal y lo que no... Ang Lee es como un escritor florido y a veces rimbobante que luego se zampa vulgaridades que desestructuran el resultado, acercándote al texto, a la historia, vendiéndote el paquete del mejor modo. La escupida de Heath Ledger en el primer encontronazo es imprescindible para aflojar el modo políticamente correcto en que venía contándose el cuentito de amor cursilero. Las actuaciones son grosas, y la música casi ni la noté, lo cual es bueno. El maquillaje sí un tanto choto, pero OK, no es fácil envejecer a dos flacos de 24 años como si fueran rednecks cuarentones.

Ahora en lo no formal… Me gusta el debate planteado en lo de mi amigo Repa, quien no coincide conmigo. La mainstreamización de la cosa gay no es algo nuevo para nada, y debo reconocer que la bola del orgullo a mí me tiene un poco las bolas por el piso… Y si bien es cierto que el modo de coger te organiza la vida de tal o cual forma, es hora de entender que no te hace nada especial. Para nada.
Al menos para el público global metropolitano de los albores del tercer milenio, lo puto ya no es estigma desde hace relativamente poco en tiempos históricos... pero bastante en tiempos de vida humana. Y nuestra generación -años más, años menos- ha sido una generación que tuvo la fuckin' suerte que los que nos precedieron no tuvieron: suerte de poder tener un novio y presentarlo si no a la familia, al menos a los amigos; de llevar adelante un trabajo cualquiera (no solo estilistas), de no vivir dentro de un ropero. O en términos de Jack Twist; suerte de poder armar el ranchito con vaquitas llamando medianamente poco la atención.
El problema para mí surge cuando se sobredimensiona la cosa, cuando en el fondo lo que se desea en vez de normalizar el hecho, es darle esa cosa pretenciosa de Sino Fundamental a la orientación sexual. ¿Por qué? ¿Para qué? ¡Si ya casi todos coincidimos en que ser puto no es una elección! ¡No hay acto volitivo, no hay mérito ni desmérito! No lo entiendo. Y no niego que en los tiempos y alrededores de Brokeback haya sido muy jodido, y que quizás hoy en algunos lugares todavía lo sea. Y ayer y hoy hay quienes como Dennis Del Mar aceptan estoicamente la realidad que les toca sumidos en su propia desdicha sin hacer nada para al menos paliarla. Y ayer y hoy hay quienes como Jack Twist le ponen el culo y la japi a la vida arrancando momentos con manotazos de ahogado y tratando siempre de obtener lo mejor posible de cada situación… pero estos personajes universales eran posibles así Ayer, Allá. Para que existiesen hoy como tales debería ser otro el tema que los (in)movilizara.

Hoy y Acá la cosa es bastante distinta. Ya está man, Hoy y Acá ya no somos ni debemos pretender ser controversiales, ni transgresores, ni raros, ni siquiera especiales. Ya está definido que Satán no tiene nada que ver; ya no nos tiran piedras en la calle, ni vivimos huyendo de linchamientos; ya la OMS nos sacó de sus nomenclaturas patológicas, los preceptos de la Iglesia no le importan ni a la cuarta parte de la gente a la que le importaban hace 30 años y cuando estuve fuera en fin de año fue lo más normal del mundo que Mati cenara y brindara a las doce con mi vieja y mis hermanos. Y está bien, y no hay mucha más vuelta que darle al asunto…
Intolerantes va a haber siempre, los temas derivados van a seguir siendo un issue (promiscuidad como eterno sidecar, infertilidad, inclusión de mayores derechos civiles)… pero la homosexualidad en sí como GRAN tema de la vida me parece que es un concepto un tanto antiguo… o irrelevante. Hablo especialmente para nosotros, los putos: Vamos, Putos, la energía a otra cosa.

Y por cierto, Heath Ledger es una BOMBA.

miércoles, febrero 01, 2006

El Tenis y Yo

No termino de entender del todo por qué, pero de hace un tiempo a esta parte me sumé al rebaño que mira tenis por televisión, y lo disfruta. Y nunca agarré una raqueta en mi vida, eh… hasta hace no mucho me parecía tan ridículo como seguir la fórmula uno, o cualquier carrera de autos, o Telematch. Ahora devino terrible imán corta zapping eventual, sea Chela, Nalbandián, Mauresmo o Garompova quien esté jugando. Saque y volea. Slice, globito, protesta, juego de piernas, gemido, saltito, deuce, 108 mph, qué hijo de puta. Tie breck. Sharapova usa lindos aritos y un buen bronceado. Lleyton Hewitt me incita a practicar lucha greco romana aceitado. Federer tiene cara de ñoño. Coria, la va de zorrito. Gaudio no está muy seguro de creer que juega tan bien como lo hace y no hay nadie en el mundo realmente tan feo como Lindsay Davenport, pobrecita. Toda la guita y la fama que tiene la merece en compensación por sus rasgos faciales... menos mal que la vida a veces toma extrañas formas de dar revancha. Está bueno el tenis y su mundo.

Y enseguida tomo partido. Y no tomo partido por el más lindo, ni por el más carismático, ni por el más machote. Tomo partido por el pecho frío.

Sí. Me atrae el que sin expresar emociones se dirige al triunfo, el que responde con imperceptibles movimientos de comisura a las prepoteadas del de enfrente. Me gusta ver ganar al que no festeja con los brazos levantados, al que no mira a la tribuna y que transpira lo justo y necesario. Al que se reconoce en su falta de carisma, y a fuerza de voluntad desarma al rival, que por oposición lo recibo ampuloso, pavorreal, engreído, emocional por demás. El gentleman versus el sanguíneo al que en tantos otros aspectos de la vida adhiero pero en este caso disfruto viendo sufrir. Adoro cuando algún sacado tira la raqueta al piso, y se da cuenta de que lo inevitable está por ocurrir, que va a perder el partido… y sí Lleyton, por mucho que me atraigan tus piernas torneadas cubiertas de pelitos dorados, you’re gonna miss that game, y es lo más verte revolear los ojitos buscando alguna incoherencia, alguna señal que te indique que estás soñando. Y no nen, no es un sueño, ni te van a rescatar las porristas para llevarte en andas, ni la tribuna va a dibujar ninguna ola con las manos en tu honor. Estás por perder un partido en tu casa, en Melbourne, y el flacucho narigón de enfrente se lo va a llevar. Ese mismo tipo que ni siquiera está en el top 40 de ATP, sí, ese mismo. Y te vas a ir caminando con tu bolsito, cabizbajo. Puteando entredientes, mascullando por calentón, repasando una y mil veces cada movimiento en falso.

Me armo historias de ese tipo y les hablo en voz alta a los jugadores. Qué placer malvado, y a la vez qué placer naïve, inocuo y pelotudo.

Aguante el tenis como deporte de precisión, aguante el jugador de sangre fría y brazo templado, la maquinita, el trabajador, el que se hace de abajo. Abajo el canchero, el dotado nato, el prepotente, el carismático. Abajo Nadal, arriba el contrincante.

Ah, ya no estoy enfermo, me recuperé. Fiebre, televisión y Australian Open, what a combineta.

martes, enero 17, 2006

me cuesta acostarme

Cómo me cuesta esto de estar acostado. No voy siquiera un día entero de reposo y ya me parece insoportable, ya me estoy volviendo insoportable. Casi que siento culpa por la gente que de verdad se tiene que quedar postrada por cosas serias… Pero bueno, es mi neurosis, es mi garganta la que duele groso y emite gruñidos en lugar de voz, y son mis fuckin’ mocos los que llenan el balde que primorosamente Mati dejó al costado de su cama, el lecho de agonía que acoge mi influenza.
Así que acá estoy, por orden del puto médico que me condenó al ostracismo por tres días sin siquiera medicarme. El me decía ¨semana de reposo¨, yo le pedía ¨drogame¨. Semana de reposo - drogame, semana de reposo - drogame… Cerramos en tres días y unas nebulizaciones con unas ampollas que terminé descubriendo contienen solamente agua con sal. Pero bueno, hace vapor, hace ruido y me lleva un poco a cuando era pendejo y era mi vieja la que me nebulizaba… eh, un momento! Tampoco ese es un recuerdo muy feliz: ya a esa edad me costaba banda eso del reposo. Todo lo buen niño prodigio y educado que yo podía ser, desaparecía dejando lugar a un monstruito hirviente, sediento de actividad en medio de su delirio febril. Pobre mi vieja, hacía lo que podía. Inventábamos naves espaciales en la cama, máquinas del tiempo, juegos con rompecabezas y si el dolor de cabeza me lo permitía, libracos e historietas de los pitufos. Pero seguía siendo el peor de los castigos el no poder salir. Me gustaba la calle, me gusta. Me siento encerrado. Lo habré heredado de mi viejo? Quiero salir, quiero que se me quite esto de escupir mocos amarillos cada dos segundos. No me siento nada sexy.
Mi viejo, personaje extraño, creo que fue quien me contagió esa mania de asociar la felicidad con el afuera, con los viajes, con la noche y el bar de la esquina. No importaba la hora, siempre había un buen motivo para darle una vuelta más al perro y tomar un café (y una lágrima para mí) en Díaz Vélez y Medrano, o en Corrientes y Salguero, el que estuviera abierto, el que quedara para el lado que caminábamos. O que me enseñaba que los mejores momentos se vivían de noche, y no en casa. Lo más de lo más: ir a Corrientes a ¨pasear por las luces¨, entrar en la librería esa que cerraba a las dos de la mañana, quedarse horas eligiendo en la sección infantil y al final decidirse por uno… y terminar la noche en costanera mirando el amanecer. Y tenía 6 años eh, nada mal empezar mis primeras veladas tan pendejo. Uf, no era mi intención ponerme a hablar de mis viejos, pero se ve que esto de estar inválido atado a un colchón te lleva irremediablemente para ese lado.
Hoy trabajé igual desde la cama, lo mínimo, lo necesario para que los platitos de malabarista chino sigan dando vueltas sobre las varillas sin caerse. Lo bueno es que con la voz de Capone que me salía por el tubo, no tuve mucha oposición en mis sentencias. Además, exhudo malhumor, no soy quien piensan que soy y definitivamente no querrían tenerme del otro lado del tubo. Exhudo malhumor, exhudo impaciencia y exhudo y exhudo. Mierda, no me banco esto de transpirar tanto… yo que me jacto siempre de ser de plástico (no necesito dormir, como cuando quiero y como quiero, no transpiro, trabajo mil horas, entreno casi todos los días y estoy siempre listo para sexo y absolutamente dispuesto a una copa más antes de volver a casa), voy encontrando la horma de mi zapato mientras me dicen: bueno, en realidad sos de cera, y por cierto... estamos en el horno.
Y Matías es un capo. Es un capo porque me acompañó a la clínica esta mañana que me desperté de sofoco (mientras soñaba que un enjambre de víboras me tapaba la cara metíendose por mis narinas, boca y orejas), me compró el nebulizador, me cedió su cama, su casa, me puso el balde escupidera, me hizo té, sopa, sandwiches, bajó a comprarme sprite zero natural, me presta su compu (en la que escribo ahora acostado en la cama relojeando el partido de Gaudio) y me alcanza el teléfono cuando suena. Ahora le di un rato de franco y lo mandé al gimnasio, para que se mantenga lindo y firme, como corresponde, no sea cosa de que se me ablande por hacer de enfermero. Me copa así durito y armado.
Y sí, bienvenidos, en realidad soy un monstruo y estar acostado saca lo peor de mí. Me voy a hacer más nebulizaciones, a ver si me olvido un rato de esta condena absurda, de este castigo inmerecido. Gripe, es la última vez en mi vida que te quiero ver. Odio cuando mi cuerpo toma decisiones sin consultarme.