jueves

Bill ya estaba un poco borracho. Parker también, sentado en el respaldo de uno de los sillones capitoneados hablando con tres chicas a la vez. Andy aplaudía el segundo tema de los tipos esos vestidos de Elvis con cuernos de vaca, una versión bizarra de Final Countdown de Europe que decía algo así como "soy torero y putero", y los gatos finos -impecables- que acompañaban a los franceses gordos de la otra mesa les hacían los coros. Todo muy correcto en lo formal e incorrecto en lo político: mi trago y su precio, los colores de la ropa de la gente, el aroma Faena que a pesar de estar permitido fumar se percibía intacto al fondo, como un retrogusto con función de recordatorio de dónde estábamos (siempre me divirtió el concepto de "fragancia exclusiva" para un desodorante de ambientes). Jueves pasadas las doce eran. Y ahí fue que Gonzalo me presentó a su amigo Lautaro, primo de Martín, el que estudia afuera. Ojos claros, veintivarios de afteroffice, rulo controlado con gel que se empezaba a rebelar por la hora, iba por la tercera o cuarta copa creo.
Y me sorprendí. Hay una dinámica común en esas situaciones de grupos más o menos separados, más o menos juntos, en la que ya empezada la noche las conversaciones se agarran por donde se llega y la propiedad transitiva del yo te conozco y vos lo conocés hace que se converse con perfectos extraños con cierto grado de desinhibición, o desparpajo. Pero no fue eso lo que me llamó la atención. El tema tampoco, ya ni me acuerdo de qué estábamos hablando. Lo que me sacó de golpe fue una suma de detalles menores que tomaban forma por acumulación: había algo en la distancia en la que ponía la jeta para hablarme, la forma de apoyar la mano en mi espalda, la mirada directa a los ojos… cierto protocolo corporal que yo percibía extraño y no lograba descular por qué. Nada malo definitivamente, pero raro. Descarté de toque que me estuviera levantando, ese tipo de roces no me descolocan; y no porque sea tan habitual que me venga a muyar un flaco, sino porque pienso que todo ser humano está dispuesto a aceptar de buen grado la posibilidad de ser seducido. Pero no. No era eso… especialmente por la notoria heterosexualidad a la que me olía este Lautaro. Tampoco era atractivo por demás, descarté también esa extrañeza que se genera ante cierta clase de presencias que por sí mismas aturden y te dejan bobo. Este era un buen tipo cualquiera, un flaco de copas en jueves con sus pares hablando de autos, de tetas y de vinos. Y ahí fue que caí: pares.
Evidentemente, en mi afán de reglas claras y transparencia social estoy demasiado acostumbrado a que surja el tema de mi orientación, o a dejarla en claro. No sé muy bien por qué, pero me sale. Como si fuera necesario, amable o civilizado hacerle entender a cualquier señorita recién conocida que no voy a estar interesado en su escote más allá de lo puramente estético, o advertirle a cualquier gil que atención con lo que diga o haga que puedo llegar a tomar como una invitación. El jueves, por cómo se había dado la situación, no hubo oportunidad de sacarlo en la conversa y sin buscarlo me encontré de golpe con el mundo de los pares heterosexuales y su extraño código de comunicación, en el que hacía rato no entraba.
No me acordaba de eso, y me dejó un rato medio enajenado. Es que posta, es un código amistoso muy distinto al que yo manejo hoy por hoy con mis incluso más íntimos amigos curtidores de mujeres. Y me quedé pensando un rato, llegando a la conclusión de que todo se reduce a una cuestión de límites.
En el ámbito de los tipos héteros hay una ambigüedad juguetona establecida entre perímetros que se sabe no se van a atravesar que los deja tranquilos. Una delimitación clara que les permite ser mucho más flexibles y osados dentro de ese terreno “seguro”… y tocarse de determinado modo, rozarse, y disfrutarse mutuamente por lo claro de a lo que no se va a llegar. Y por oposición, cuando uno por simple presencia de puto bien plantado ofrece -sin decirlo- un corrimiento del límite, de inmediato para el otro tipo ese jugueteo se bloquea… evidentemente, sumarle a la cancha un par de metros extra implica que la pelota puede llegar a escaparse más allá de lo acostumbrado y técnicamente hablando, no sería fuera de juego. Y muchos prefieren no correr el riesgo de patear en terreno incógnito.
Para cuando me dejaron con el auto (Sí, seguiría de gira pero mañana laburo temprano. Dale, estoy justo a mitad de camino. Arenales y Ecuador, justo... No, te acordás bien, vivo en Colegiales y... No, que dejaba un mensaje, para que me abran la puerta porque perdí la llave. Que qué? No, mi novio.) antes de seguir la ronda nocturna, ya los límites habían vuelto a ser los acostumbrados, y las distancias de cara a cara, y las manos y la buena onda habitual. "Copado el flaco este", "mirá vos, era puto", debe haber dicho cuando me bajé del Corsa. O probablemente no haya dicho nada, queseyó.

Comentarios

melquíades dijo…
Y "¿Tu novia?"; "No, mi novio"; "Por eso, tu novia"; "No, noviO, con o".
Betty Carol dijo…
La automarginalizacion es un flagelo terrible, y creo que pasa porque estamos demasiado pendientes de nosotros mismos.

Dicho tan categ�ricamente, suena como que tambi�n tengo la f�rmula para solucionarlo, pero bueno, no.
Betty Carol dijo…
Es automarginación, no automarginalización, no?

Soraya Montenegro me hace confundir
Andy W dijo…
Nunca voy a entender por qué sos tan rígido con las convenciones sociales; menos aún intentaré moverte de esa postura.

Sin embargo me voy a tomar el atrevimiento de prescribirte una fórmula: no aclares aquello que no te preguntaron.

A nadie le interesa tu orientación sexual donde no es relevante, no dudes que el jueves pasado ciertamente no lo era.
PAblo.- dijo…
melq: el retruque habitual. Si estoy hablando con alguien demasiado circunstancial, trato de decir "noviE", para no mentir ni empezar con la historieta. En este caso en mi conversa por celular se había escuchado muy claro que hablaba con un "cheboludo". Por eso vino la pregutna después, imagino.


Betty: Autoutsupramarginalizainacionismo, creo.

Andy: Ja, y qué es relevante cuándo? Tampoco me enorgullezco de mis mecanismos, no obstante uno los haga sin detenerse a pensar en ellos. Por otra parte, si uno se limitara a responder sólo lo que se le pregunta, no haría otra cosa que amoldarse a protocolos impuestos por los otros, no? Gracias por el consejo de todos modos, amigo.
Andy W dijo…
Absolutamente. No digo que esté mal ofrecer información, sólo que te aceptamos en el grupo y queremos mucho más allá de qué hagas bajo las sábanas.
Andy W dijo…
(a veces uno se hace mucha historia por algo que sólo te importa a vos mismo)
The executioner dijo…
Ahora me explico por qué uno da por hecho que todo bípedo masculino es potencialmente homosexual. Foucault al margen, pero algo de puto tienen todos, supongo.
Abrazo señor!
Dardo dijo…
Wow, me encantó eso de "a nadie le importa tu orientación sexual cuando no es relevante". Yo pensaba que ya no quedaba gente que desconocía los programas de chimentos y el poder que tienen.


Anyway, no sabía que existía el término "muyar".
Gracias por enseñarme un término nuevo que no usaré nunca, pero por lo menos lo sé.
Conz dijo…
Iba a comentar algo pero todos los comments anteriores me inhibieron.
Tomatito dijo…
Andy:

Quizás no se diga, pero es como el síndrome de la Tía Matilde, ¿recuerdas?

La Tía Matilde, ya senil, deja escapar pedos silenciosos en las cenas familares y todos lo saben, lo huelen y nadie dice nada. Todos se pasan la sal, se sirven más vino, cantan feliz cumpleaños cuando llega la torta con las velas, pero creeme que todos saben que la Tía Matilde se cagó encima.

Desde mi mirada de extranjero te puedo decir, comparados con los isleños, que a los porteños poco les importa lo que haga uno debajo de las sábanas (vos me vas a decir que no, yo te digo, trust me, you really don't). Pero igual quieren tener las cosas claras. Les pica la curiosidad, para no cometer un gaffe mas que nada, imagino.

Pero en resumen, o in a nutshell, sí, se lo preguntan y se lo cuestionan a lo largo de la noche.

La secuencia mental es más o menos así:

Buena onda el tipo, hmm. 1. ¿le gustará el besibol? 2. ¿Tomará ron? 3. ¿Cómo cuánto ganará al mes? 4. ¿Tendrá novia? 5. ¿Será maricón?

Y si no logran descifrarlo por sí solos, esa noche camino a tu casa, suena el celular y es Lautaro, o si no esa noche, al día siguiente a eso de la hora de almuerzo:

"Ché Andy, que bárbaro la pasamos anoche. Y que copado el Pablo... Es gay ¿no?

Pero no hubo necesidad.

Abzo.
Andy W dijo…
Absolutamente, nadie es ciego a la orientación sexual.
PAblo.- dijo…
Bueno, hay que ver qué resulta más embarazoso hoy por hoy, si tirarse un pedo en público o tirarse con un tipo en la cama...
PAblo.- dijo…
nooo, "pareja" es de putito domesticado. Ninguna palabra más gay que hablar de "pareja"...
Tomás Eloy dijo…
Es verdad, nadie es ciego a la orientacion, como dice Werner.

Ahora bien, mucho hétero se pone incómodo de forma similar a cuando charla con una mina.
Parece que cuesta conversar por el simple hecho de intercambiar ideas, sin otro interés oculto.
Vulgar dijo…
No conocía tu orientación sexual cuando empecé a leer y me pasó exactamente lo mismo que le pasó a Lautaro. Ja, me sentí identificada en la historia, pero en otro plano.

Me encanta cómo escribís.

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